domingo 31 de agosto de 2008

LA VENGANZA (PARTE V)

Bueno, esta es la antepenúltima parte.

Tercer acto

Primera escena

Se ve el salón de una suite y se escucha en off la voz de Alfonso.

Voz: “Te escribo desde el banco porque tenía que ponerte al tanto inmediatamente. Acabo de hacer el depósito y, a partir de hoy, sos de nuevo dueño de lo tuyo. Han sido tantas las veces que quise hacer esto y me ganó la cobardía que creo que estoy más complacido que vos. Menos mal que en aquella ocasión convencí a Débora de poner la casa a nombre de Ernesto, porque yo sabía que con él las cosas son más fáciles.”

Sale Flavio en ropa informal leyendo un papel y sentándose en un sillón. Continúa la voz en off narrando el texto del papel.

Voz: “No sabés cuánto siento todo, Flavio. Pedir disculpas a esta altura de las cosas es casi abominable. Sé lo que hicimos todos y me avergüenza aún más el trato despiadado que te dimos que el robo de tus bienes.
Hablé con Angélica y la puse al tanto de todo. En medio de tanta desdicha tuviste la fortuna de conocerla. Yo sé que ella sabrá administrar tus cosas adecuadamente. Bueno, creo que ya no queda nada más que te ligue a nosotros. Espero que de aquí en adelante las cosas vayan como deben ir. ¿Sabés que Rani asegura que así será? He logrado hablar a veces con él, aunque a espaldas de tu tía, quien lo odia desde que llegó, aunque yo lo considero el respiradero de la finca.
En fin, sólo le pediré a Dios o a la vida que te compense de la mejor forma.”
Alfonso

Flavio se queda meditando en el sillón. Suena el teléfono.

Flavio: ¿Pronto? (Pausa) Sí, señor Capella. (Pausa)¿En serio? ¡Pero claro que estoy de acuerdo! (Pausa) ¿A principios de mes? Genial. (Pausa) No, gracias a usted. Hasta luego.

Entra Angélica

Flavio: ¡Angie, te tengo una gran noticia! El señor Capella subastará algunas obras artísticas dentro de diez días en Il Trovatore y quiere que le lleve cinco esculturas.

Angélica (abrazándolo): ¡Genial! ¡Ese lugar es uno de los mejores! ¡Y aún estaré acá! (Mira el papel que tiene Flavio en la mano). ¿Y eso?

Flavio: Es el último correo que me envió tío Alfonso. No me había atrevido a leerlo hasta hoy.

Angélica: Es bueno ir cerrando esas puertas.

Flavio (bajando la mirada y cambiando el tema): Angie…yo…quisiera que te quedaras más tiempo.

Angélica: Pero Flavio, ya no puedo atrasar más la oficina, no querrás que desatienda los casos…
Flavio: No, en realidad tengo muchos deseos de que sigás atendiendo el bufete…aquí.

Angélica (sorprendida): ¿Cómo?

Flavio (tomándole la mano): Angie…lo único que extrañaría de mi antigua vida es tenerte cerca. (Le acerca la cara) Y eso tiene solución…

La besa y ella le corresponde

Flavio (pícaro): ¿Eso fue un sí?
Angélica (insistiendo): Acabo de abrir la oficina, Flavio…

El vuelve a besarla

Angélica (sonriendo y empezando a vacilar): Tendría que comenzar de nuevo…

Flavio la besa nuevamente

Angélica:…y…eso no es fácil…

De nuevo él la besa

Angélica: ….pero….podría intentarlo ¿no?
Flavio (sonriendo pícaro): Yo sabía que mis argumentos razonables acabarían por convencerte.
Angélica (sonriendo): Mmm…como que aún me siento … algo indecisa.
Flavio (siempre pícaro y sonriendo): ¡Qué bueno! (La besa de nuevo apasionadamente). ¿Qué tal si salimos a celebrarlo? Hay un lugar bellísimo cerca de acá. Y los gondoleros siempre tienen las mejores rutas para los enamorados…
Angélica (suspirando feliz): Mmmm…suena a película romántica de los años setenta…Sólo quisiera, además, pedir deseos al atardecer en el puente curvo…
Flavio: Ni hablar. Tendremos la noche más románticamente bella del mundo…sin olvidarnos del puente.
Angélica (acariciándole la mejilla): Iré a llamar al bufete. (Riendo) Ya veré qué historia invento. (Sale del salón).

Flavio se queda de pie con la mirada en el vacío y un gesto de complacencia. Se sienta luego en el sofá y enciende la radio. Suena “La Lluvia” de Gigliola Cinquetti y a los pocos segundos su expresión cambia. Comienza a escucharse la voz de su tía Débora en off, a manera de recuerdo. La melodía también se escucha ahora como parte del mismo.

Voz (en tono agresivo): “Las seis y quince, mocoso inútil. Te movés como si estuvieras drogado”//” Dejá de acomodarte la ropa, Flavio, total ¿quién repara en vos?” //“¿Traés un compañero a casa? (Risas) Bueno, a ver si llega a volver otra vez”// “¿Por qué no te defendiste del golpe, cobarde? A mí no me des quejas.”// “¿Pero…por qué le pegaste así al niño, enano salvaje? ¡Abusón!.” // “¡Ay, me encanta esta canción: …la lluviaaaa…!”

Flavio se levanta del sofá y y agita la cebeza. Mira al vacío con expresión de dolor.

Voz “ ¡Flavio! ¿Dónde diablos estás? (Maliciosa) Ahí tan escondido…quién sabe qué cosas no estarías haciendo…si yo sé que te gusta hacer porquerías a solas, ¡loco vicioso! “ //(Canta)”¡….no moja nuestro amor cuando yo soy feliiiiz!”. //”No quiero que vuelvan esos dos niños a casa, dejaron el garaje como un chiquero”// “Pablo es un salvaje, sólo a vos se te ocurre invitarlo, desconsiderado.”// “Flavio ¿Por qué estás tan solo? ¿Por qué tú no traes amigos?”// (Canta) ”¡….la lluvia ya no existe si me miiiras túúu…”// “Yo la verdad no sé en qué vas a terminar vos, yo no sé en qué vas a terminar… no sé en qué…”

Flavio apaga repentinamente el aparato, se toma la cabeza y lanza al suelo un florero, sentándose de nuevo en el sofá y golpeándolo con los puños, en un gesto impotente . Sale Angélica aprisa, alarmada.

Flavio (llorando, cayendo al suelo y tomando a Angélica de la cintura): ¡Angie…Angie!
Angélica (acariciándole la cabeza): Tranquilo, mi amor…
Flavio (desesperado): ¡No puedo, Angie, no puedo.! Está acá (señala su cabeza) y sale siempre, no puedo matarlo, Angie, no puedo. (Llora)
Angélica: Claro que podrás, amor. No vamos a permitirle hacerte más daño. Tranquilo, tranquilo.
Flavio (llorando desesperado abrazado a la cintura de Angélica): ¡Angie! ¡Angie!

viernes 29 de agosto de 2008

LA VENGANZA IV

A los que están leyendo la obra acá les pongo lo que sigue, a los que no...

¡Lea el post de abajo, carajo, que es el actual!

Ejem...que el post más reciente está abajo de este otro. Gracias por su atención. Y reporte la lectura de este si está siguiendo la historia. Buenas tardes.

Segunda escena

Angélica y Flavio entran a la sala de la casa de Alfonso y Débora, donde los muebles están cubiertos con sábanas y ya no hay adornos ni teléfono.

Flavio
(suspirando): Nunca creí que volvería acá. Pensé que sería algo impactante, pero la verdad es que me siento tranquilo.
Angélica: Porque todo lo malo que pasó aquí nunca tuvo nada que ver con vos.
Flavio: Sí…tardé demasiado en darme cuenta. Pero bueno, eso será lección aprendida para la próxima vuelta.
Angélica (sonriendo): ¿Próxima vuelta?
Flavio: Rani me convenció de que la reencarnación le da sentido a que nunca sea tarde para entender las cosas. Que, en todo caso, es ganancia para tu próxima vida.
Angélica: Es increíble ese hombre. Tan noble, tan libre de rencores…No puedo creer cómo arriesgó su vida (bromeando) o al menos una de ellas, para salvar la de Gabriela.
Flavio: Gracias a él la tragedia no fue mayor.
Angélica: Y dudo que alguien mejore su oferta de compra. ¿Qué dijeron tus parientes?
Flavio: Para la gente del pueblo esta será la finca de los crímenes por un buen tiempo. Así que largarán la propiedad por lo que les den con tal de alejarse pronto de ella.
Angélica (meditando): …tal y como vos tuviste que hacerlo hace un año. ¿Sabés? Siempre me he imaginado los dones que te da la vida como pedacitos de algo…digamos un queso. Ahí está tu trocito para que vos dispongás de él y, si alguien, contra tu voluntad, te lo impide y se lo roba, ese queso se pudre y nunca podrá sacársele provecho. No volverá a ser un queso fresco hasta que regrese con quien sí puede disponer de él.
Flavio: Sí… es asombroso cómo todo cambió cuando me marché y comencé a vivir de verdad. Es como si toda la vida que me estaban quitando me la hubiera llevado conmigo y ellos se quedaran en el vacío.
Angélica: Ellos también tenían su queso. Pero lo dejaron enmohecer por arrebatarte el tuyo. Luego no supieron cómo limpiarlo.
Flavio: Aún me parece insólito que tía Débora matara a su esposo y a su hijo.
Angélica: Parece que quiso hacerlo también con ella misma, pero los guardias la detuvieron a tiempo.
Flavio: Algo de eso me contó Gabriela. ¿Sabés que Rani va a convertir su casa en un oratorio?
Angélica: Creí que el oratorio sería aquí.
Flavio: Prefirió que esta fuera para el culto infantil. Piensa que la energía de los niños sanará el lugar. Y su familia celebrará acá muchas fiestas y bodas porque opinan que los lugares no deben quedar marcados.
Angélica: Tiene razón. Todo eso hará que la gente olvide, ya verás.
Flavio (titubeando y acercándosele): Angélica…yo quisiera agradecerte de verdad todo lo que has hecho. No has sido sólo mi abogada o mi albacea. (Le toma la mano) Le hiciste honor a tu nombre y fuiste un ángel que me libró de seguir en el infierno. Quien me salvó la vida no fue aquel guardia que me descubrió desangrándome en la celda sino vos.
Angélica: Flavio….
Flavio: Vos, que me enseñaste cuáles son las verdaderas prisiones. Que me enseñaste que vengarse no es que los Cox hayan caído en desgracia, sino no haberles permitido más que me robaran vida, felicidad. Que la mejor de las venganzas es ser feliz, que nunca habrá más afrenta contra un enemigo que procurarnos la más plena de las vidas.

Angélica sonríe


Flavio
: ….quiero que me acompañés a la exposición en Venecia.
Angélica (sonriente y sorprendida): Pero…
Flavio: La herencia de tío Alfonso alcanzará para pagar el hotel más lindo del lugar….yo estoy seguro que él estaría más que complacido de que la empleara en eso. Y …ya tenés tu propia oficina…
Angélica: Flavio, tengo que atenderla. Y ese es tu dinero…
Flavio: Exacto. Mi dinero. Y por eso quiero gastarlo en lo que quiero. Vamos, Angélica….son sólo unos días…un día te oí decir que siempre quisiste conocer el Coliseo. (Persuasivo) Y sé que te gustan las pastas, y Miguel Angel, y que oís a menudo al tipo este que dijo no sé qué de las mejicanas…
Angélica (sonriendo):…y el señor me aconseja dejar todo a la deriva para irme a pasear a Europa, estar todo el día con artistas, ver atardeceres en góndolas y lanzar flores al agua desde un puentecito.
Flavio (sonriendo también): Exactamente.
Angélica (acercándosele y abrazándolo entusiasta): ¡Pues creo que sí voy, Flavio!

jueves 28 de agosto de 2008

TUS DERECHOS LOS DEFIENDE LA CONSTITUCION, TUS PADRES TE QUIEREN MAS QUE NADIE, LAS LEYES LABORALES TE AMPARAN Y...LA HIPNOSIS NO ES PELIGROSA



Sí, hoy voy a hablar de mitología y sus afines.

Cuando leo la Constitucion de mi país me dan ganas de hacer maletas e irme ya, inmediatamente, a vivir a ese lugar fabuloso que se llama Costa Rica, porque yo, de seguro, estoy viviendo en otra parte por equivocación, que no es ni parecida a lo que ahí se describe y muchas de las leyes de las que se habla allí no existen ni de chiste. Ni hablar del Código de Trabajo. Y ya merece post aparte la Declaración Universal de los Derechos Humanos: no discriminación ni prejuicios de ningún tipo, ni agresiones de ningún tipo, ni nadie abusa de nadie. Da una indignación indescriptible. Da eso porque en los tres casos estás leyendo cuentos de hadas, ideas sin llevar a cabo, utopías no tan irrealizables pero encajadas en la modorra y el borreguismo desde siempre, esperando a ver si un día nace gente de otra levadura que haga realidad lo que no es para nada irrealizable. (Ya hemos nacido algunos, pero aún somos pocos).

Las cosas que, en teoría deberían ser de determinada manera, al final terminan adjudicándose el verbo podrían, a lo sumo. Mientras miles de babosos se desatan en protestas porque un negro no puede obtener equis trabajo (diz que por su color) todos ríen y disfrutan la historia de Betty la Fea o Lety o Ugly Betty o como sea, donde una mujer más que capaz y muy simpática sufre vejaciones y discriminación laboral más allá de los límites humanos sólo porque su aspecto no es del agrado de un grupo de imbéciles. Violar los derechos humanos es un delito que se comete impunemente todos los días y con la aprobación de casi toda la sociedad. Ni se diga el mito de la familia como refugio ideal para el ser humano, especialmente los niños. Pruebas sobran de que en muchas ocasiones el lugar más infernal para la gente y el más peligroso para los niños es ese que llaman hogar. Ni se diga los horrores en el campo laboral: horas extra sin pagar, acoso sexual impune, sueldos ilegales, contrataciones irregulares, etc. Y el codiguito sigue ahí tan lustroso y campante viendo pasar los años.

Y, hace unos días, por razones de mera casualidad, alguien me habló de un tema que siempre me ha dado je ne sais quá: la hipnosis. No me dijo nada nuevo. No hay nada fuera de este mundo en ese tema, pero lo que me aterra de él es el altísimo porcentaje de gente inmoral dedicada a sacarle provecho. (Y a perjudicar gente incauta que pensó que era un "divertimento"). A mí me revuelven el estómago esos programas españoles donde un imbécil (o muchos) se burla de una persona indefensa, a quien él "programó" inmoralmente para hacer el ridículo y humillarse. (Incluso puede quedar con alguna deficiencia o trauma si el "hipnotizador" supo manipularlo y darle una post-orden para que pasara eso). Una técnica así podría ayudar a controlar partos, perder muchos temores y fobias y mejorar la personalidad, pero el asunto no es eso sino encontrar alguien con la sabiduría y la ética enormes como para hacer un manejo perfecto del asunto. Y no sentir ese morbo enfermizo por esculcar en la intimidad ajena insanamente.

Digamos que sería como un tubo de ensayo con gérmenes de viruela que está en un laboratorio porque con él fabricarán vacunas para mejorar la salud pública. Pero eso, en manos de un inmoral, es el peor de los horrores. O bien, con un cuchillo filoso un chef hace lindas figuritas de verduras, y el asesino lo clava en el corazón de alguien. Y la vulnerabilidad de una persona hipnotizada es enorme. Y el cuento de que no se le puede obligar a hacer lo que no quiere es lo más cínico que he oído. Claro que si le dicen que se tire de un tercer piso no lo hará, pero si lo toman de la mano y le dicen que va a zambullirse en una piscina en un día de calor, igual saltará. Si la gente en vigilia es manipulable, quien sólo tiene el inconsciente despierto y toma su realiddad como la que le ofrece quien lo hipnotizó, es pan comido para empujarlo a hacer cualquier cosa o sonsacarle cualquier secreto que él quiera tener guardado pero que el terapeuta le convenció a anotar en un papel porque ese "es su diario íntimo", él está solo en casa y nadie lo va a leer. ¿Me explico?

Ojalá que sí. Porque cuando escribo de lo que me molesta me estreso. Y lo único natural que me convence como relajante es quizá, la auto-hipnosis. Bueno, y otra cosita también.


LA VENGANZA III

Vamos avanzando en la historia...

(Y DEJEN COMENTARIO, QUE ASI ME ENTERO SI LES VA GUSTANDO)

Segundo acto

Primera escena

Débora habla por teléfono en la sala de su casa.

Débora: Bueno, yo ni los conozco, la verdad. Pero tan rara esa gente, con túnicas y sandalias. (Pausa)¡Y yo qué sé! Hindúes, árabes, ¡qué sé yo! Pero adinerados, porque le pagaron bien. (Pausa) ¡Pero si antes de irse a Roma sólo servía para mirar al cielo y lamentarse! Y esa “ecola de art” debe ser cara. (Pausa) No, no tengo idea. Ese tipo es raro, a nadie le ha escrito, aunque de por sí no le hubiéramos contestado.

Entra Alfonso, su marido, Débora lo saluda con la mano.

Débora: No, ya no tiene nada acá. Nada lo ata, aunque de todas formas nunca nadie quiso amarrarlo (ríe con sarcasmo). (Hace gestos a Alfonso). Mirá, te llamo mañana, ahora tengo que hablar también con Alfi. Adiós.

Alfonso: Era Vanesa, supongo.

Débora: Está fatal, la pobre. Mirá que sacarse esa rifa…(pone cara de tragedia)

Alfonso: Pues a mí no me molestan los nuevos vecinos. Y hasta me gusta su música.

Débora: No digás eso ni en broma. El infeliz de Flavio tenía que hacernos algo así.
Como nunca logró adaptarse a nosotros, nos caga la propiedad. ( Se vuelve buscando algo) ¿Dónde lo dejé?

Comienza a sonar música hindú a lo lejos y Alfonso entrecierra los ojos y mueve el torso siguiendo el ritmo y sonriendo a medias.

Débora (Volviéndose):¿Qué estás haciendo?

Alfonso (medio sobresaltado): Nada.

Débora: En lugar de payasear, deberías ayudarme a buscar un recorte. ¿Podés creer que la tipita esa salió hoy en el diario?

Alfonso: ¿Qué tipita?

Débora: La abogadita enemiga de la Navidad y las familias unidas.

Alfonso: ¿Angélica? ¿Cuándo dijo ella que fuera enemiga de…?

Débora: ¡Mové ese trasero y ayudame a buscar! Parece que Flavio le obsequió uno de sus muñecos ¡y ahora resulta que el emplasto es valioso!

Alfonso (sorprendido): ¿En serio?

Débora: Si…lo exhibieron en la Casa Roma y parece que un experto lo valoró muy bien.

Alfonso (levantando las cejas): Mirá el Flavio. Debió contarnos.

Débora: ¿Pero vos estás demente? ¿Por qué no lo invitás también a tomarse unos tragos?

Alfonso (bromeando): Porque está muy contento allá. (Más serio) Y dijo que no saldría de Italia…(se detiene sobresaltado).

Débora (asombrada): ¿Hablaste con él?

Alfonso (turbado): Un par de veces, nada más. Me dio mucha pena que intentara suicidarse. (Baja la cabeza) El no nos hubiera hecho daño, sólo estaba sufriendo. Por suerte allá le ha ido bien…

Débora (interrumpiendo): ¡Alfonso, ¿vos de parte de quién estás?!

Alfonso: No hay que tomarlo así, mujer. Con esa actitud quien pierde sos vos. Recordá tu gastritis…

Débora (furiosa):¡Recordala vos y dejá de hacer estupideces!

Alfonso (meditando): ¿Sabés Débora? Nunca entendí por qué debíamos odiar a Flavio. ¿El qué nos hizo?

Débora: ¿Odiarlo? ¿Acogerlo en nuestra finca y hacernos cargo de él y sus bienes es odiarlo?
Alfonso: Vos sabés a qué me refiero. Siempre lo trataron como si les debiera algo, cuando más bien…

Débora (a la defensiva): ¿Qué?

Alfonso: Su patrimonio era mayor, Débora. No te hagás la desentendida que entre gitanos no vamos a leernos la mano.

Débora: Y vos nunca te quejaste al respecto. (Sarcástica) Agarrabas bien fuerte la platita que te caía cada tanto.

Alfonso (contrariado): Sí, es cierto. Y no sabés lo que daría por echar atrás el reloj…No había justificación para…

Débora: ¡Qué cómodo es arrepentirse a destiempo, cuando casualmente ya no se puede hacer nada!

Alfonso: Sé que ya eso no importa en la vida de Flavio. Es como tratar de recoger la leche derramada. (Pensativo) Quizá es por mi propia vida que quiero zanjar este asunto. Y si de paso él se beneficia algo…

Débora: ¿Zanjar el asunto?

Alfonso: Por años y años seguí la corriente de todos ustedes, aceptando lo que me quedó cómodo. Pero, el día que Flavio enloqueció, la realidad me golpeó toda de una vez. Fue como haberme dejado de ver en un espejo a los nueve años y volverme a ver a los noventa. Vi nuestros horrores, nuestras marcas, nuestra fealdad de alma al desnudo, sin maquillaje.(Angustiado) ¿Por qué, Débora? Casi comprendo lo del robo, pero ese ensañamiento con un inocente, esas frases lapidantes, esos sobrenombres infames a un niño…

Débora: El siempre fue una persona difícil…rara. No sólo le costaba relacionarse con nosotros sino con todos los que conocía. Era tímido con la gente….

Alfonso (alzando la voz): ¡Vos sabés que eso no es cierto! ¡Le inventaste esa imagen ante el mundo desde que era un niño porque te convenía! ¡Así no era tan monstruoso que te vieran maltratándolo, después de todo sólo se trataba de lidiar con el loquito!

Débora: No seas ridículo. Dejá esos dramas para “Joligú”, que a vos te salen patéticos.

Alfonso: Siempre has sido dura tratando a la gente. Pero no puedo imaginar cómo sería soportar eso desde que se tiene memoria. Hace tiempo que la soledad de Flavio, su dolor, su impotencia, me rondan como fantasmas. Y no entiendo cómo tantos vieron lo que estaba pasando y nunca hicieron algo.

Débora: Quizá porque en realidad no pasaba nada, don paranoico. (Burlona) No, si Flavio tuvo de quién aprender…

Alfonso (sentándose y tomándose la cabeza): ¿Hasta cuándo piensan seguir en ese mundo paralelo que se fabrican para esconderse de sus propios horrores? Le robamos a ese inocente algo peor que dinero. Le robamos vida. Infancia. Dignidad. ¡Su propia familia se lo hizo, Débora!

Débora: Bueno, a fin de cuentas ya se fue para allá y si está bien…

Alfonso (gritando): ¡Por Dios, mujer, fueron décadas! ¡Las primeras de su vida! ¡Matarlo hubiera sido menos cruel!

Débora (furiosa): Andá bajando la voz que nuestros parientes querrán dormir.

Alfonso: Es increíble que puedan hacerlo. Es que parece que hasta el sueño le quitaron a Flavio para tenerlo ellos de sobra.

Débora: Mirá, no voy a oír más. Hasta mañana. Y recordá que el Licenciado Tovar nos espera a las diez.

Alfonso: No pienso ir. No pienso seguir robando ni quedarme impávido ante eso.

Débora: Hacé como te plazca. (Intenta irse).

Alfonso: Vendí la casa de la entrada y deposité el dinero en el Banco Romano. Además le traspasé los bonos a Flavio.

Débora (impactada): ¡¿Qué?!

Alfonso: Mañana iré yo también a otro abogado. Quiero que nos divorciemos.

Débora (sin prestar atención a esto último): ¿Qué hiciste qué con la casa?

Alfonso: Se la devolví a su dueño, sólo eso.

Débora: No te creo. Ernesto no hubiera firmado nada.

Alfonso: Pues lo hizo. No salió en todo igual a vos, Débora.

Débora: ¿Qué cuento retorcido le inventaste?

Alfonso: Nuestro hijo es un adulto. Nadie lo engañó. Le hablé de hombre a hombre pidiéndole que escuchara su conciencia. Entendió que adueñarnos de lo que no es nuestro no se llama de otra forma más que robo.

Débora:¡ …y además me hacés quedar ante él como ladrona!

Alfonso: Su decisión tuvo que ver con el bienestar de su primo, no con hacerte quedar a vos de algo. Mi fin era que él rectificara, nada más.

Débora (furiosa): Ahora sólo falta que me digás que convenciste a toda la familia de donar sus bienes al huerfanito.

Alfonso (vacilando): Sólo a Ernesto y a…Gaby.

Débora: ¿La engatuzaste también a ella? (gritando) ¿Tenés idea de lo que hiciste, pobre infeliz?

Alfonso: Claro que sí. Y hace mucho que no me sentía tan orgulloso de hacer algo.

Débora lo abofetea. El permanece impávido.

Débora:: ¿Hace cuánto que actuabas a mis espaldas?

Alfonso: Hablás como su hubiera un complot, en lugar de tratarse de una cuestión de justicia…

Débora: ¡Tu justicia es tan ridícula como la del juez que lo manda a una cliniquita porque se lo sugirió la tipa esa!!

Alfonso (exaltado): ¡…en bendita hora se le cruzó en el camino. Tal vez al fin los ruegos de Flavio fueron escuchados y ella vino a liberarlo de nosotros y de todas las ataduras infernales que le pusimos! ¡A resucitarlo de esa muerte en vida que lo devoró por tantos años y por nuestra culpa exclusiva!

Débora (llorosa): ¿Pero a qué viene ese cambio repentino, Alfonso? ¿Te convenció ella?

Alfonso (irónico): No fue necesario, Débora. Lamento no darte el placer de tener un pretexto para hablar mal de Angélica, quien engrosa la lista negra de ustedes por haberse atrevido a ayudar a Flavio.

Débora: ¿Qué decís?

Alfonso: Está bien, seguí en tu mundo paralelo, diseñado a tu conveniencia. Seguí fingiendo que nunca hiciste lo imposible porque Flavio permaneciera solo, de manera que todos pudieran hacer con él lo que les daba la gana.

Débora: Hablás como si yo hubiera sido la única que no logró entenderse con él. Los demás no eran precisamente sus hadas madrinas.

Alfonso: No, es cierto. Todos fuimos igual de lacras. Quienes debimos estar presos desde hace muchos años somos nosotros. ¿Sabés que si la ley hubiera actuado como correspondía la pena que querías para Flavio era mucho más corta que la que nos hubieran dado? En total son unas siete causas.

Débora (recostada a un pequeño mueble): No quiero verte nunca más en mi vida.

Alfonso: Descuidá. Pensaba hacerlo mañana, pero ya mismo empaco y me largo de esta finca del demonio.

Débora (sacando un revólver del mueble y apuntándole): La maleta está de más.

Alfonso (asustado): Débora, ¿qué estás haciendo?

Débora: Apurarte el viaje, pendejo dos caras.

Alfonso: Soltá eso, no actués como una loca.

Débora: No, si nunca he estado más cuerda. Y yo también me arrepiento de algo. De no haber hecho esto antes.

Alfonso: ¡Débora, por Dios…

Débora dispara dos veces contra Alfonso, las luces se apagan y se oyen más disparos a lo lejos.

miércoles 27 de agosto de 2008

LA VENGANZA ( II )

Bueno, para que se vayan enterando de qué pasó con Flavio y la navaja...y conozcan al resto de los personajes. No puse en negrilla los nombres por falta de tiempo, pero creo que está clara.

Segunda escena

Angélica se encuentra en su oficina revisando expedientes. Suena el teléfono.

Angélica: Diga

Flavio: ¿Cómo está, Angélica? Ando por la zona y se me ocurrió pasar a saludarla. Si no es inoportuno, claro.

Angélica (sorprendida y alegre): ¡Flavio, qué sorpresa! ¡Claro que no! ¿Viene para acá?

Flavio: Termino una diligencia en el banco y me voy.

Angélica: Perfecto, acá lo espero. Tendrá tanto que contarme. (Con prudencia) ¿Cómo estuvo San Jerónimo?

Flavio : Bueno, usted tenía razón. La clínica no era un lugar atemorizante y sí supieron hacerme sentir mejor. No sé si la compasión por el triste suicida los motivó más o si así son siempre, pero no tuve de qué quejarme, la verdad.

Angélica: Me alegro

Flavio: Bueno, la veré en un rato.

Angélica: Hasta pronto, Flavio.

Sigue en su trabajo hasta que de pronto descubre a una pareja de unos cincuenta y tantos años en la puerta.

Mujer (Cortante): Buenas tardes, Angélica.

Angélica: ¿Qué …hacen aquí, doña Débora?

Débora: Teníamos que hablarle.

Angélica: No lo creo.

Débora: Pues sí lo creyó cuando fue a hablar con Vanesita y con Jorge.

Angélica: Eso fue un acto de humanidad. Además, como usted misma dice, con quienes quise hablar fue con ellos.

Débora: Bueno, eso no importa. Sólo quiero saber por qué fue allá.

Angélica: Quería ayudar a Flavio. Pensé que si averiguaba cómo aliviar un poco ese tormento quizá lograra recuperarse del todo.

Débora: ¡Qué ironía! Él intenta matarnos a nosotros y usted se desvive por conservarle la vida.

Angélica: Quería que conservara la dignidad, sobre todo. La vida de nada sirve si nos faltan otras cosas que son las que hacen que la existencia merezca llamarse así, “vida”.

Débora: A Flavio nunca le faltó nada. Tuvo comida, techo, educación…

Angélica: ¡Ay, señora Cox, qué básica es usted!

Débora: Mire, niña, cuide lo que dice.

Angélica (dirigiéndose a los dos): Les recuerdo que fueron ustedes quienes vinieron a mi oficina. Y si me disculpan, estoy ocupada.

Hombre (a Débora): ….mujer…

Débora (ignorándolo) Usted me va a decir qué habló con Vanesita.

Angélica: Pues…nada, prácticamente. Ella fue quien habló sin parar de galletas navideñas y granola y pavo al vin-blanc algo. Y eso cuando dejaba de cantar villancicos a todo pulmón.

Débora: Nosotros amamos la Navidad, ¿verdad Alfonso? ¿No le gusta a usted acaso?

Angélica: Señora, no creo que haya venido acá para saber eso. Pregunte de una vez lo que quiere saber.

Débora: ¿Qué habló con Jorge, entonces?

Angélica: Quería saber de la vida de Flavio, un hombre que me inspiraba compasión, sin perderle por eso el respeto. Aunque lo que me contó no sirvió de nada, porque me niego a creer que ese hombre sensible y respetuoso, ese conejito acorralado en su madriguera, fuera el asesino en serie que querían hacerle creer incluso a él mismo.

Débora (escandalizada): ¿Quiere decirnos que fue una alucinación que en plena reunión familiar sacara un revólver y nos amenazara a todos?

Angélica: Creo que fue el proceder de un hombre desesperado, a quien toda su vida lo forzaron a vivir al borde del precipicio. Trate usted de soportar sobrenombres humillantes, tratos desventajosos, disminución enigmática de su patrimonio y encima indiferencia absoluta de la sociedad ante esto y a ver si no quiere vaciar una AK-47 encima de la humanidad entera.

Débora (ofendida): ¿Está insinuando que yo podría ser asesina?

Alfonso (a Débora): ….mujer…

Débora (ignorándolo): ….porque ese es delito de calumnia, por si no lo sabe.

Angélica: No, señora. Calumnia es otra cosa. Yo dije que usted no sabe lo que ha pasado Flavio. Y que si le hubiera sucedido algo así, en la de menos también pierde los estribos.

Débora (alzando la voz): Dar un portazo es perder los estribos, lanzar un florero al suelo es perder los estribos, ¡gritar es perder los estribos! Amenazar con un arma es ser un asesino.

Angélica: ….o sea que, para usted, todos los policías son asesinos.

Débora: ¡No se haga la tonta! Sabe que eso es distinto.

Angélica: ¿.y el que mata en defensa propia, digamos por defender a su esposa de un delincuente que entró a su casa?

Débora: Usted, lo dijo, defensa propia.

Angélica: Pues el pobre Flavio, en su confusión, sólo ansiaba defenderse, hacer un intento más, por loco que fuera, de poner en su sitio a toda esa gente que lo atormentaba. Recuerde que él sólo es uno y ustedes son muchos.

Débora: Y usted le creyó totalmente que nosotros le hicimos mal alguna vez.

Angélica: Si no lo hubiera creído no lo hubiera defendido.

Débora: ¡Usted estaba de oficio!

Angélica: Si hubiera creído un criminal a Flavio habría porfiado una pena menor, por ejemplo, pero no hubiera alegado demencia temporal. Jamás dejaría a un delincuente andar libre por la calle.

Débora: Ya veo que es inútil tratar de dialogar. Si Flavio intenta de nuevo atentar contra nosotros usted será la responsable.

Angélica: No lo hará, señora Cox, se lo aseguro. Yo lo convenceré de que eso no tiene sentido.

Débora: ¿Lo irá a ver al manicomio?

Angélica: La estancia en la clínica ya terminó. Pero no se preocupe, yo me las arreglaré. Ahora, si no tienen más preguntas, tengo que trabajar. (Los toma del brazo).

Débora: No trate de burlarse de nosotros, Angélica. Si llego a saber que nos envuelve con mañas….

Alfonso (mirando a Débora): ¡Mujer!

Débora (ignorándolo): ¡Está advertida!

Angélica (guiándolos hacia la salida): Que tengan buenas tardes. (Algo irónica) Un placer hablar con ustedes…con los dos, ¿eh?.

El hombre hace una inclinación de cabeza y Débora la mira de reojo antes de irse. Angélica se sienta en su escritorio, meditando indignada. Al rato aparece Flavio en la puerta con un paquete en la mano.

Flavio:¿Se puede o interrumpo una coartada maestra?

Angélica (sonriente de pronto): Pase, Flavio qué gusto me da verlo. (Lo abraza y señala un sillón, ambos se sientan) .Cuénteme cómo ha seguido todo, no sabe cuánto deseaba ir a verlo a la clínica, pero el doctor dijo que era mejor que no tuviera visitas.

Flavio: Bueno…medité, pensé, como usted dijo. Y creo que lo intentaré una vez más.

Angélica sonríe

Flavio: No sé si esa sea la mejor decisión, si tal vez no hubiera sido más apropiado terminar todo esto de una vez, pero… no sé, de pronto siento algo, como una pequeña luz creciéndome dentro que me da el valor para tratar de levantar lo que está despedazado en el suelo. Ah, por cierto, quise traerle esto. (Le entrega el paquete).

Angélica lo abre y saca de una caja una escultura de una figura alada, de apariencia humana pero semejando también un pájaro.

Flavio: Lo tallé hace mucho en un curso universitario. Es mi idea del Ave Fénix.

Angélica (sonriendo y mirando la figura): Gracias, está muy lindo. (Cambia de pronto de expresión).

Flavio: ¿Pasa algo?

Angélica: Hace un rato vinieron los Cox. No quería contarle para no indisponerlo, pero creo que es mejor decirle la verdad.

Flavio (un poco molesto): Ya imagino qué le dijeron. No haga caso de nada, esta gente odia a quien me ayuda.

Angélica: Caso no les haré nunca. Y bueno, cuando se es abogada ya se sabe que siempre habrá alguien enojado con vos. (Ríe y medita luego) .Pero …respecto a usted…¿sabe? Cuando me contó su historia sentí que debía haber justicia más allá de lo que un tribunal resolviera. Ellos qué saben de su impotencia cuando era niño, de su soledad, de tantos criminales que andan sueltos por la calle sin cargar nunca una pistola, pero matando inocentes de la forma más cruel que se pueda imaginar.

Flavio: Un tribunal no aceptaría una demanda de ese tipo…

Angélica (firme): Con los juzgados y la ley de acá (toca un código) ya terminamos, Flavio. Hicimos un trámite burocrático más. Yo hablo de voltear la hoja, de que usted reclame lo suyo, de….(vacila pero luego dice firme acercándosele) vengarse de verdad.

Flavio (asombrado) : ¿Cómo?

Angélica: Sólo así podrá poner fin a esta situación. Esta gente se sentirá víctima y querrá que usted pague hasta el fin de los tiempos el gran daño que quieren hacerle creer que les hizo. No importa si ellos lo empujaron a delinquir, quieren que lo devore la culpa. (Lo mira fijamente) ¿Usted cree que aquella celda era una cárcel? No, las peores prisiones no tienen muros, ni siquiera se ven. Y sin embargo son las que más cuesta derribar. Y la culpa, Flavio, es el equivalente invisible de San Quintín, donde usted es su propio carcelero. Para ellos cuanto más culpable se sienta, mejor.

Flavio: …no quiero complicarme más la vida.

Angélica: Le explicaré con ejemplos….muy, muy extremos. ¿Sabe quiénes son Ed Gein, Charles Manson y Jeffrey Dahmmer?

Flavio (asustado): …bueno, pero yo no…

Angélica (amable pero firme): ¿Sabe quiénes son?

Flavio: Tres…asesinos en serie.

Angélica: Bueno, eso fue cuando sus pobres mentes no pudieron más. Antes fueron tres hombres como cualquiera, como su vecino, mi hermano Nando o usted mismo. Sólo que ellos, además de tener el infortunio de ser agredidos brutalmente en su propia casa, no supieron luego vengarse.

Flavio: Pero mataron a muchos…

Angélica (interrumpiendo): Sisisí, a muchos de afuera. Al menos usted se enfureció con la fuente correcta. Pero contésteme: ¿Cómo era la madre de Gein?

Flavio: Sé que no dejaba a sus hijos salir de la granja. Era estricta, tradicional…

Angélica: ¡…la vieja era una cabrona y punto! Torturó y aisló a Eduard lo más que pudo, luego de dar en tierra a su hermano. Se encargó de hacerlo un depósito para sus represiones y complejos. Lo quería solo, inseguro, castrado. Y lo logró, la infeliz. Le contaría la historia de los otros, pero sería decir tres veces lo mismo.

Flavio: ¿Cree que ellos debieron…matar a sus madres?

Angélica (un poco divertida pero manteniendo la firmeza): Creo que debieron vengarse. No confunda peras con manzanas, ¿sí?

Flavio: ¿Entonces?

Angélica: Sus madres, quién sabe por qué, los querían ver de la forma en que terminaron. Les dijeron toda la vida que nunca harían nada útil, que estaban mal de la cabeza, que acabarían en la cárcel…¡Y ellos les dieron gusto!

Flavio: Pero…

Angélica: Mire…le contaré una historia opuesta. Tengo un amigo que siempre quiso posar para un pintor que era exigentísimo, aunque nunca dijo qué buscaba exactamente en la gente que pintaba. Pero empezó a tener cierta fama y todos querían ser sus “musos”. Luis se obsesionó con esto y casi se muere cuando no lo seleccionó. Entonces se trazó un plan.

Flavio: ¿Un plan?

Angélica: Se propuso tener el aspecto y la personalidad más impactante del mundo, una apariencia que el pintor Medeiros no pudiera ignorar…y comenzó a alimentarse muy bien, hacer ejercicios, dejar de fumar, mejorar su postura…. llegó a ponerse tan en forma que casi no había mujer que no volteara la cabeza cuando le pasaba al lado.

Flavio: …y luego el pintor tuvo que admitirlo entre sus “musos”.

Angélica: Un día, mientras hacía abdominales en el parque, lo vio un representante deportivo y le propuso jugar rugby una temporada. Luis resultó un verdadero crack y se quedó por tres años. Hoy es famoso en Inglaterra, rico, admirado y…vive en Londres con su esposa, una varonesa. Del pintor ni recuerda el nombre.

Flavio (sonriendo con sorna): Pero apuesto a que Medeiros sí se acuerda de él todos los días.

Angélica (sonriendo maliciosamente): A propósito, ¿usted había oído hablar de ese artista?

Flavio (casi riendo): No

Angélica (maliciosa): Flavio, creo que comenzamos a entendernos.

REGALO TARDIO

Quería escribirles varias cosas pero estoy medio desconcentrada, así que les mando el regalito que les ofrecí en diciembre (y que dudo que alguien recuerde) y que es la obra que mandé al concurso. Es pequeña y la postearé junto con otras cosas (posts normales). Así que si es su descanso en el trabajo o estás en la tarde en tu casita, ponete cómodo y a ver qué te parece. No seás malo y dame tu opinión ¿hubiera ganado?, je. No, ya sabés que estoy abierta a cualquier opinión. Andá y me decís la tuya.
La Venganza
Primer acto
Primera escena
Al encenderse las luces se ve a un hombre compungido en una celda. El lugar está relativamente limpio y ordenado. Al fondo se oye a otro hombre y una mujer joven hablar en voz alta. Al oírlos, el tipo encerrado se pone de pie y mira nervioso hacia la puerta.

Hombre en el pasadizo: Recuerde, estaré acá a los cinco metros. No tenga reparo en gritar si las cosas se complican. Puedo prestarle mi radio, si es necesario.

Chica
(medio riendo): Ay, hombre, no voy a interrogar al doctor Lecter. Qué dramatismo.

Hombre
: Al menos Jodie Foster se cuidó de usar falda larga y dejar los tacones altos en casa.

Chica:
O sea que, según usted, debí pedirle la ropa prestada a alguna musulmana.

Hombre:
Este no es un internado de señoritas, recuérdelo. Arriesga su integridad mostrándose así ante hombres como estos.

Chica
: Por si no lo sabe, sólo “me mostraré” ante uno, y, que yo sepa, no está aquí por violación.

Hombre
(desistiendo): Como guste. Pero no olvide lo que le dije.
Llegan a la puerta de la celda y el hombre abre.. El tipo encarcelado los mira con angustia.

Chica
(acercándosele y extendiéndole la mano): Buenas tardes, señor Rivera. Soy Angélica Font, su defensora.

Hombre
(tímidamente y mirando al guardia): Buenas…

Angélica voltea a mirar al vigilante y este se retira.

Angélica: Espere, voy a constatar que se fue. (Se asoma). Listo, ya puede contarme todo. No olvide que la honestidad es básica entre el abogado y su defendido. Yo asumiré que lo que me dice es verdad porque quiere que las cosas resulten lo mejor posible.

Flavio
(sentándose en una pequeña silla y hablando en tono suplicante): No sé ni por dónde empezar. Le juro que cualquiera hubiera hecho lo mismo, yo le aseguro que…
Angélica (amablemente): Trate primero de contarme los hechos de la manera más objetiva, como si se tratara de algo que no tiene que ver con usted. Luego podrá darme su punto de vista, ¿está bien, Flavio?

El asiente con la cabeza

Flavio
(ya entrando más en confianza): ¿Sabe? Usted es de las pocas personas que me llaman correctamente desde la primera vez. Todos me dicen Fabio o Braulio al principio. Aseguran que mi nombre es muy raro.

Angélica: No se preocupe, todos debemos pasar por esos pequeños karmas. Apuesto a que el número de veces que le han dicho que su nombre es raro no es mayor del que yo he oído decir a taaantos que debí estudiar la profesión de la familia.

Flavio sonríe

Angélica: A veces creo que le daré un sopapo al próximo que me ponga ojos de huevo duro y me diga: “ Si tenías la vida asegurada estudiando ingeniería…¿por qué fuiste abogada?”

Flavio sonríe de nuevo

Angélica: Pues como decía, trate de contarme todo como si narrara una película, desde afuera.

Flavio: Trataré, pero…no es nada fácil. (Suspira) Ese era un conflicto de todos los días…todos los días durante años. Los ambientes cerrados se llegan a convertir en verdaderos infiernos.

Angélica: ¿Recuerda cómo comenzó todo?

Flavio: Desde siempre las cosas anduvieron mal… Y a mí me atormenta el no saber por qué, le juro que traté de averiguar, hablé con ellos…

Angélica
: No tiene que jurármelo. A menudo pasa eso, de increíble no tiene nada. (Amablemente) Prosiga.

Flavio continúa mientras se oye únicamente música en off. Por momentos la expresión de Angélica es de extrañeza, a veces de asombro y a veces pensativa. Finalmente, Flavio acaba el relato.

Flavio:
¿Cree que tengo algún chance, señorita Font?

Angélica
: Bueno, técnicamente hablando, aquí no pasó nada. No hay muertos, ni heridos, ni ningún tipo de perjuicio…más que para usted mismo. Todo quedó en “intento de…”. Por otro lado, su historia me parece conmovedora.

Flavio
: ¿Qué haremos? ¿Alegará demencia temporal?

Angélica
: Sería lo más prudente: es su primera vez y siempre ha sido un buen ciudadano. Alegaremos que estaba deprimido, esta gente se pasó de la raya –por enésima vez- y su sistema nervioso colapsó. Unos días en alguna clínica de reposo y la cosa no pasará a mayores.

Flavio
(asustado): Esos…lugares…¿son así como cuentan?

Angélica
(sonriendo): No se preocupe, no le van a poner camisa de fuerza ni electrodos en la cabeza. Va a tener la oportunidad de alejarse de lo que lo atormenta y dedicarse a sanar su espíritu, su mente. Serán pocos días, pero si los aprovecha pueden convertirse en el punto de partida para un nuevo comienzo.

Flavio
(entristecido): No creo tener fuerzas para comenzar nada.

Angélica
: Si eso es lo que desea, la fuerza surgirá sola. Pero es usted mismo quien debe decidir qué hacer.

Flavio
: Sí, lo sé.

Angélica
(tratando de sonar comprensiva): Yo sé que hay que estar en el lugar del otro para entender lo difícil que es sanarse emocionalmente de algo. Por eso nada más le diré que, sinceramente, deseo que logre reponerse tal como se merece. Bueno, creo que por hoy es todo. Nos veremos la semana entrante. (Le extiende la mano).

Flavio
(estrechándole la mano): Adiós, señorita Font.

Angélica llama al vigilante, este abre la puerta y cierra luego con cuidado. Flavio se sienta en una silla y medita. Mira desesperado alrededor y revuelve y golpea la cama, hasta que logra despegar una pieza de metal. La aprieta con efusividad y la mira detenidamente.

Flavio
(con expresión melancólica): A algunos siempre les quedará París. A mí siempre me quedarás vos.

Pasa el dedo y la palma de la mano nerviosamente por uno de los lados probando el filo. Luego la vuelve a colocar bajo la cama con expresión incierta.

lunes 25 de agosto de 2008

LAURA, LA NINFA


Que nadie piense mal: lo que pasa es que estuve leyendo de mitología y veo que estas criaturas coinciden en varias cosas conmigo:


-Los animales que tienen cerca suelen acercárseles porque saben que ellas no les harán daño, sólo los acariciarán.

-Aman y defienden la naturaleza.

-Odian la fealdan del alma y la maldad.

-Curan animales heridos.

-Son seres pacíficos.

-Cuando detectan peligro, se escapan creando puertas dimensionales. Bueno, cada cual escapa de lo que quiere en la forma que prefiere, ¿no? Yo me voy derechito a Orión.

-Como ellas, yo quisiera ser joven toda la vida.

Pero esta sí que no me gusta: cuando alguien contempla a una ninfa desnuda, muere en el acto. Por lo menos que se muera después del acto, ¿no?

domingo 24 de agosto de 2008

CUANDO VOS DORMIS...


A veces en la noche pienso en vos, te tenga al lado o a kilómetros. Casi no me di cuenta cómo comenzó esto. Yo, al menos, me dejé llevar. No pensé, sólo sentí. Dejé a un lado cualquier cosa que me impidiera estar en esa otra dimensión donde estoy cuando me hablás. "Parece actor de cine" pensé cuando te ví. Y lo sigo pensando. Para mí sos irresistible, sexy, varonil y tierno a la vez.

No es mucho el tiempo que ha pasado desde aquella tarde de "La Aduana". Y ya sos lo mejor de mi vida, y, en estos últimos días, lo más firme a lo que he podido asirme. Con vos las cosas se alivianan, toman otro color.

Pero a veces, en las noches, pienso. Oigo la voz de la sociedad gritándome que, en unos años, la diferencia se acentuará. Que sólo estando muy segura de las cosas algo así funcionaría. Que tenés parte de tu vida en otro país.

Sabés que rara vez la escucho, y eso me da mucho orgullo, pero a veces pienso. No me atrevo a preguntarte acerca del futuro. Pero quisiera saber. ¿Querrás tener otro hijo? ¿Me apoyarías ante la opinión siempre desfavorable de mi familia? ¿Me protegerás de ella? ¿Estarás siempre cuando te necesite? ¿Podré ser en todos los aspectos de la vida una verdadera compañera para vos?

No sé si esto durará mucho o poco y vivo el presente, pero a veces pienso. Y sé que te quiero. Que me gustás. Que te necesito. Que no es a cualquiera -de hecho hay que hacer muchos, pero muchos méritos- a quien yo le doy lo que te he dado a vos. Porque de vos necesito cada célula que te compone.

Te amo porque con vos me siento más libre, más mujer, más dueña de mí. Y no quiero que notés lo triste que estuve estos días. Sé que debería contarte, pero a veces me pasa que hago eso. A veces pienso si estaré buscando un padre sin querer. No, no lo creo. Pero tal vez sí busco alguien maduro que me dé el apoyo y la ternura que he buscado toda mi vida.

A veces quisiera tomarte de la mano e irnos lejos, tener una casa donde ser felices y una vida como la queremos. A veces quisiera no pensar en las noches, porque termino, a veces, llorando y llorando. Y, a pesar de tenerte, me siento muy sola. Sola con mis dudas, con las realidades que no busqué nunca ni merezco, con una familia que más que otra cosa me inspira temor, con el deseo de no sentir esta soledad ni esta ansiedad ni esta incertidumbre.

A veces quisiera hablarte de todo esto, Esteban, pero no me atrevo. Y prefiero dejarme acariciar, o hablar de lo que nos gusta, u oír de vos todo eso lindo que sabés decir. Sé que sos alguien sensible, que tu alma es buena. Pero no sé por qué no lo hago.

Será que aún nos falta camino. Saber decodificar un mensaje no verbal, compenetrarnos. Y a mí aún me falta crecer, encontrarme. Quiero lograrlo algún día, pararme por fin en terreno firme. Por ahora sólo escribo esto, porque hay cosas que hay que gritarlas al mundo. Vos sólo abrazame. Y decime que me querés.

viernes 22 de agosto de 2008

¡RAYOS! ¿SERA UN MENSAJE DE LOS DIOSES?



Cuando a los 17 o algo así decidí teñir algunas mechitas de mi pelo en un tono más rubio el resultado fue bueno, pero tardé bastantes años en repetirlo. Y, la tercera vez, aquello fue un desastre. Por todas partes, porque hasta una señora amargada me llamó de todo cuando conté la historia en otro lado (de ahí el post "La mugre en el cristal"). En fin, que el asunto se resume a un trabajo mal hecho, mucho dinero invertido, una ilusión rota y más dinero gastado para recuperar mi color natural (mucho más claro que en la foto) y quedar como al principio.

Desde hace diez meses, más o menos, tengo de nuevo el antojo de pasar del rubio oscuro Nº7 (¿vieron qué términos de estilista?) a rubio medio número no sé cuál. Lo que suena, incluso para las mujeres, como algo normal y de todos los días (para los hombres ni pregunto) ha sido algo que ha tenido más atravesaños que si fuera a matar al ser más importante del mundo.

Como dije, primero tuve que volver a mi tono, luego usé sin saberlo un champú de henna que me volvió el pelo verde por tres días y tuve que hacerle un tratamiento para regresarlo de nuevo al tono humano, más adelante iba al fin un lunes a hacérmelos cuando al medio día me dio fiebre, náuseas y dolor de cuerpo: me había intoxicado con los mariscos de un restaurante donde había comido el sábado. (Por cierto, el dueño degenerado de ese lugar enfermó a 200 personas, dos de ellas casi mueren y ahora tiene más de cien demandas judiciales, qué bueno). Aunque gracias al suero que compré en la farmacia y al agua de pipa que me recetó mi mamá al día siguiente estaba bien, tuve que cancelar la cita.

Hace unas cuatro semanas tenía de nuevo el dinero listo y ya había hablado con Rodolfo, el peluquero, y...el dinero lo invertí enterito en el pago del estudio del lunes. O sea que, por el momento, no hay rayitos de nuevo. Esteban me dice mil piropos para que no piense que es cosa de brujería o algo semejante. Yo lo oigo más que complacida, pero igual ando en busca de un "espantabrujos". Este mundo, con ese defecto que tiene de ser mitad material y mitad algo intangible que todos llaman de diferentes formas, te hace buscar cosas como esa.


miércoles 20 de agosto de 2008

MUUUCHAS FOTOS













Por solicitud de Ashi

Vacas bailando, pintando, partidas en dos y hasta sin trasero...sorry por no poner las fotos más grandes.

Aún estoy medio de bajón porque no quería tener esa cosa de la hernia, aunque sea pequeña. (Le pedí a los dioses mil veces que no la tuviera). Y que la señora que me atendió por teléfono en la clínica y me pidió los datos me anotó un poco más de edad, menos mal que no me estaba viendo (¿qué se creyó esa cacatúa? ¿quería que me diagnosticaran como si fuera unos años mayor?).

Pero voy a cambiar el tema y a enseñarles algo más del COW PARADE. (Pero ojo, se siguen aceptando palabritas de cariño, ¿eh? que eso hace muy bien al estómago) Un abrazo.

martes 19 de agosto de 2008

...Y PASÓ EL DÍA CERO

Bueno, primero que nada les digo dos cositas: no me sedaron y no tengo nada demasiado serio. (No estoy bien del todo, pero me aliviaré, según dice la doctora).
Aquí les cuento mi pequeña vivencia médica:

Llegué a la hora en punto, vestida como me pareció más cómodo: jeans, blusa de punto y zapatos sin tacón. Me reporté con la señora de la recepción, que buscó la información necesaria y me hizo firmar un documento. Yo ya sabía que hacían firmar eso, pero ahí me terminé de decidir por el no sedante: las probabilidades de una complicación son del 0.05%, pero igual no quise arriesgarme nada. Al rato llegó mi mamá, quien andaba buscando parqueo. Del miedo casi le digo que pasara conmigo, pero la conozco demasiado y mejor que me esperara afuera. Al rato oí mis dos apellidos y luego mi nombre: llegó el momento.

La asistente me hizo pasar a un recinto bastante agradable para ser un hospital (bueno, uno privado, eso sí) y me empezó a hacer varias preguntas: que si tengo alergias, que si me han operado, que si esto y lo otro. (Por cierto, me preguntó si soy alérgica al huevo, qué curioso, ¿no?). Luego me explicó lo del sedante y empezó a tomarme la presión y conectar el aparato a un monitor.

-Me lo haré sin sedante.

-¿En serio? ¡Qué raro! Todos lo piden.

-Yo prefiero que no. La doctora ya sabe.

-Bueno, pero te hubieras relajado muy rico. Y no hubieras sentido nada.

Luego sacó ese como dedal que en las pelis colocan en el dedo índice, y que al fin me enteré que mide los latidos y el oxígeno en la sangre. Hizo que el ruido repetitivo del monitor cesara.

-Este no lo necesitás si estás despierta, pero hace que el ruido cese y estarás más cómoda. Y nunca está de más monitorear los signos vitales. ¿Es primera vez?

-Sí.

-¿Estás nerviosa?

-La verdad es que me muero de miedo. He tratado de controlarme, pero si lo cuento es más aliviador.

-Tranquila, recostate sobre tu costado izquierdo y tomate esto (un agua café) que ya viene la doctora.

La doctora entró y me colocó una toalla entre la barbilla y el hombro. Y sacó la sonda, igualita a la que puse en el otro post. Me roció la garganta.

- Vos concentrate en respirar, sólo eso.

- ¿La presión está bien? Estuve tantos días tan tensa....

- Está perfecta, tranquila. Ahora, no tragués, no te movás, relajate lo más que podás y sólo respirá. Dejame acercar el monitor que vos querías verte.

Y comenzó la introducción. Al principio se siente raro, más gruesa la sonda de lo que es. Aguanté. Respirar, respirar.

-Mirá tu esófago. Está irritado, tenés reflujos. Y eso chiquitito es una pequeña hernia hiatal.

Introdujo la sonda más hacia el pecho. Ahí fue, la verdad, terrible. Nada duele, pero en ese punto casi me arrepentía de no haber pedido el sedante. Sentí unas arcadas enormes.

-Respirá, respirá, niña.

Y trataba de distraerme enseñándome el monitor. Ese es tu estómago, tenés una gastritis media, este tejido con pliegues debería verse más sano, ¿ves?. Cuando la sonda llegó al duodeno (principio del intestino delgado) sentí que me moría (y no exagero ni hago teatro, no iba con ninguna intención de sentir nada incómodo ni nada), las arcadas ya no pude retenerlas y, luego de tragar varias veces, vomité. No sé de dónde salió tanto vómito, porque no había comido nada en todo el día. La doctora me calmó.

- Tranquila, mamita, devolvé. Póngale más toallas para que no se ensucie la blusa.

Luego sentí que sacaba la sonda. Pensé que me diría que despierta el examen no había podido hacerse bien y que lo repetiríamos dormida, pero no. Dijo que eso era todo, que se exploró todo bien y que descansara un rato. Luego me explicó lo que tengo: una pequeña hernia hiatal (congénita muy probablemente) que me provoca reflujos; gastritis crónica moderada y, en apariencia, síndrome del colon irritable. Debo evitar ciertos alimentos, tomar una pastillita al día (la que Ginger dijo) y, para el colon otras medicinas que si no me curan en dos meses, deberé hacerme otro examen ahora sí palabras mayores: colonoscopía. Pero es casi improbable porque los males que requieren ese examen le dan a gente de mucha más edad. (Hay excepciones, pero no es probable).

Así que ya pasó todo. En dos meses vuelvo a consulta. Espero que sanita y feliz. ¡Ah! Y ya sé que deberé hacerme la gastroscopía muchas otras veces en mi vida. Qué importa, ya sé a qué voy. Y si me vomito, no pasa nada. Por cierto, fue muuuucho más cortito de lo que me imaginaba.

Gracias por animarme y, tal como lo prometí, me llevé los comentarios en el jeans. Apenas arregle el Phone Tools les pongo una foto que me tomé al respecto, je.
CHUIIICCK!!!
PD: Yo nunca hablo de alguna enfermedad que tenga o de cuando voy al doctor. Soy como recelosa con esos temas. El que les haya contado todo con lujo de detalles y que lo haya puesto en internet es la prueba del gran cariño que les tengo.

jueves 14 de agosto de 2008

DIA CERO




El lunes me haré por fin el estudio. Ayer tuve otra cita y terminé de preguntar toodo lo que se me ocurrió. Saber exactamente a qué vas te da confianza. Quedamos siempre la doctora y yo en que, en un principio, sólo me rociará la garganta. Si se torna muy difícil evitar las arcadas me inyectará un sedante muy suave y de efecto muy breve. Dice que no es posible sólo adormilar a la persona, porque en este estado no puede colaborar adecuadamente. Sölo si está consciente del todo o dormida del todo. No hay otra. Ella misma se ha mandado hacer este examen varias veces, porque ha padecido de gastritis (por eso en parte escogió esa especialidad) y se controla a menudo. Y le aplican el sedante.

Yo espero no necesitar inyección, pero, por si acaso, iré acompañada. Se supone que el efecto pasa en unos 20 minutos, pero por si me dura un poco más, tomo precauciones.

Tenía muchas ganas de hacerme el examen hoy y terminar con esto pronto, pero he tenido tantos atravesaños que preferí hacer caso a eso y dejarme llevar. Entre otras cosas, mañana es feriado (día de la madre) en Costa Rica y la gente en la calle se pone medio tocada. La cocina de mi casa está derribada por remodelación y el ruido de las labores no me dejaría descansar si me siento mareada. Hoy nadie puede acompañarme. Y hoy mis papás van a no sé qué a la casa de una gente que son como aves de mal agüero, y mejor que este dia sea corriente. No creo que nada saliera mal, pero más vale prevenir.

Mientras tanto, tomaré mis medicinas y me dedicaré a aliviar los músculos adoloridos de casi todo mi cuerpo, que han soportado una tensión capaz de levantar un vagón si la concentramos en un tubo. Ah, y me he vuelto una experta en temas de sedantes y anestesias. El Hospital México -salió hoy en el diario (por todo lado me han salido temas de esos sin buscarlos en estos días)- tiene una grave emergencia por falta de profesionales en este campo. En la de menos pido una entrevista.


PD: Deséenme que no tenga nada serio. Chuick.

martes 12 de agosto de 2008

ENCUESTA SIMPLITA






Surge la pregunta de una charla con las amigas: ¿qué es mejor: la ropa interior sexy o la piel tal cual?

La verdad, yo prefiero la ropa sexy al principio del romanceo y al ratito...la piel.

lunes 11 de agosto de 2008

REVUELTO




Luego de numerosas investigaciones varios antropólogos o no sé qué cosa descubrieron que a muchos hombres y mujeres les gusta el pelo revuelto porque lo consideran sexy. Con hablarlo con los amigos en una mesa de tragos les bastaba.

jueves 7 de agosto de 2008

ENCRUCIJADA


Creo que esto de hablar de no tener conciencia lo he hecho para aliviar un poco la ansiedad que me ha dado algo en los últimos días. Hace años que me duele la barriguita a menudo y se me inflama. El colon está irritado y quizá el estómago también. Debía ir al médico, lo sé. (La alergia y esto son mis dos únicos males, ¿eh? que soy sanita)

La gastritis y la colitis son casi obligatorios en estos tiempos, donde todos están tensos. Y hay que tratárselas. Y bueno, yo fui hace unos días. La doctora me recetó, para empezar, una gastroscopía. Yo ya lo sabía. Es fea, incómoda. Y ella empezó a explicarme: "te anestesian la garganta y te introducen un tubo que va a explorar tu esófago y tu estómago. Sonaba feo, pero yo lo haría." Y continuó: "El tubo puede provocarte arcadas, aún con la anestesia. Pero no te preocupés: a la primera que sintás te inyecto un sedante y perdés el sentido. No te enterarás de nada de lo que te hicieron".

Eso me heló la sangre. Puedo soportar el ambiente hospitalario, el sabor de la anestesia (mi otorrino la usa siempre al examinarme la garganta), la manguera y las náuseas. Pero estar inconsciente por mano de otro y en un ambiente extraño es algo que me aterra y me provoca palpitaciones de sólo pensarlo. Ni siquiera tuve el valor de preguntarle cómo hacen para que el efecto dure diez minutos, si emplean entonces otra sustancia para despertarte. Por otro lado, yo soy sensible a los sedantes y me da horror tener alguna complicación. Y que tendré arcadas, las tendré. Y ya será tarde para impedir que me inyecten. Y yo SI quiero siempre enterarme de qué me están haciendo. No entiendo cómo alguien puede preferir lo contrario.

Para rematar, es casi seguro que me mandará luego otro peor: el del colon. Acá el sedante parece que es obligatorio porque duele algo. Sin embargo, creo que no te duerme del todo. Y, aunque es una probalidad remota, puede perforarse el intestino durante la exploración, lo que requeriría cirugía. Dios, tiemblo como hoja mientras lo escribo. Si un sedante me aterra, la idea de una operación casi me infarta. No sé si todo el mundo lo piensa, pero para mí pocas cosas han de ser tan humillantes como estar desnudo e inconsciente en una mesa, con un tubo metido en la tráquea y con varias personas manipulando tus órganos sin que podás ni siquiera moverte, porque te quitan hasta los reflejos. Y el miedo a que pase algo malo, a que te hagan algo malo.

Quisiera que hubiera un grupo de apoyo o algo semejante donde yo pueda hablar con personas sanas y hermosas que ya pasaron por estos asuntos y me digan: "Mirame a mí, yo tuve esto y lo otro, me operaron tantas veces y aquí estoy, recuperado, bello y feliz. Y estoy con vos".

Generalmente soy valiente, nunca tengo miedo al dolor y enfrento las cosas, pero hace días que lloro y me angustio sin contarle ni a Esteban qué es lo que me tiene aterrada y preguntándome si alguien en el mundo siente la misma repulsión que yo por la inconsciencia artificial provocada por otros. Y la pancita me duele. Y no quiero que nadie me reprenda. Sólo que alguien me entienda, me apoye y me dé fortaleza para hacer algo que tarde o temprano tendré que hacer. Sólo acá me animo a contar lo que me pasa y a pedir un fuerte abrazo, aunque sea virtual.

miércoles 6 de agosto de 2008

ANUNCIO PERSONAL

A ese guatemalteco que entra a mi blog buscando la canción de "Serás esposa de tu marido..." no sea malo y deje un mensaje, que me da harta curiosidad saber quién es.
Gracias. Cambio y fuera.

LAURA

martes 5 de agosto de 2008

RESPIRAR O DORMIR


El invierno comenzó en Costa Rica y eso significa que la humedad no me dejará respirar bien. Cuando sos alérgica y llueve tantísimo puede hasta cerrársete la tráquea, por lo que el doctor me recetó unas píldoras para abrir las membranas y poder seguir mi vida. El problema es que me ponen los nervios de punta y me dan somnolencia en la mañana. Y así llevo varias noches: tensa para poder respirar y durmiendo mal.

Esteban es una ayuda buena pero temporal: gracias a él se me alivia todo por un rato, pero luego vuelve. Y bueno, el hombre tiene que trabajar, ¿no?

Los remedios alternativos siempre han tenido mi simpatía. Pero no sé por cuál decidirme. Puedo recurrir a un sauna, o un masaje, a musicoterapia o a todo junto. Siempre le he tenido pavor a los doctores Mesmers, pero si se me atraviesa uno en el camino ya no me garantizo que no le permitiré acostarme en un sillón y quitarme la conciencia por tres días.


domingo 3 de agosto de 2008

NO SE LO DIGAS A NADIE II



Hace un tiempo subí un post con este título, donde contaba cosas de mí, detalles simplemente muy míos que ayudaran a que me conocieran. Hoy se me antoja hacer lo mismo, a ver qué se me ocurre contarles.

- A pesar de que he puesto todo mi empeño en aprender, no puedo bailar bien los ritmos tropicales, todo un problema en un país como Costa Rica. Sigo tratando.

- Detesto mi voz. Nunca me han dicho nada malo de ella, pero yo detesto ese timbre chilloncito.

- Por el contrario, me gusta cómo se oye al cantar. Yo cometo la audacia de pensar que se parece a la de la vocalista de La Quinta Estación.

- Tengo una repulsión espantosa hacia los sistemas médicos. Es difícil de explicar. Digamos que me ha constado, he sido testigo de los miles de abusos y delitos no penados de los llamados doctores contra sus semejantes. (Tuve amigos y un novio médico). Ni sigo explicando porque me falta el aire de sólo pensarlo. (Rara vez hablo a fondo de esto).

- Muchos hombres gays son antipáticos conmigo. (Puede ser casualidad, también. Igual ignoro la causa).

- En las fotos y televisión siempre se me ve el pelo muucho más oscuro de lo que es. También ignoro la causa.

- Hablando de fotos y contrario a lo que le pasa a todo el mundo con la de la identificación, la mía quedó bastante aceptable. La de la licencia es otro tema.

- De niña vi un OVNI mientras jugaba con una amiguita. Nunca supimos qué pudo haber sido.

- Quisiera haber tenido un hermano.

- Casi no puedo dormir si no pongo el televisor con el off-timer y caigo en brazos de Morfeo antes de que se apague.

- Tengo las pestañas muy muy rubias en la raíz-raíz, como si fuera una linea pintada, y el resto son oscuras.

- Detesto los lunares en mi propia persona. O sea, no me gusta tener lunares. En los demás no me molesta.

- Me parece horroroso que digan que las pecas en el pecho son bonitas. ¿Quién inventó eso? (Yo, les consta, no tengo).

- Mi sabor favorito es el chocolate.

- Mi plato favorito son las pastas.

- Quiero que me incineren cuando muera y lancen mis cenizas al mar, al que adoro.

- La primera vez que me desnudé frente a un hombre (bueno, él fue quien lo hizo por mí, je) me moría de pavor, además, era pleno día.

- Tengo una empatía bastante desarrollada, por lo que el sufrimiento ajeno me afecta mucho.

- Quisiera algún día hacer algo atrevido como lanzarme en paracaídas o desde un puente con una cuerda.

- Otro que me gustaría para el papel de Daniel es Saúl Lisazo.

- Soy extremista y me cuesta mucho mantener un término medio aunque sepa que es lo apropiado.

- A veces tienden a calificarme de lo que no soy: algunos creen que soy medio niña bien, o que hablar mucho del pelo me hace trivial o indiferente. Niña bien no tengo claro qué es, pero trivial o indiferente no me describen.

- Me considero una persona buena. Y me encanta tener cerca a quienes me enriquecen ese sentimiento.


viernes 1 de agosto de 2008

HOY NECESITO MIRAR HACIA ORION


A la vuelta del trabajo hay un arreglo en la calle que no acaban nunca, hay otro arreglo en la cocina de mi casa que tardará días, no pude ir a la romería de la que les hablé (la de los brownies) que se realiza hoy porque mañana tengo que cuidar al niño de una amiga a quien van a operar, Esteban (el madurito) tiene gira de trabajo el fin de semana y comenzó hoy la mitad del año que no me gusta.

Tengo que meditar mirando al cielo o me enloqueceré. (Aunque sea sentada en el suelo, porque se rompió mi silla reposera).


BUAAAHHHH!!!!! Snif, esos berriditos ayudan. Gracias por su atención. Chuick.