Bueno, esta es la antepenúltima parte.
Tercer acto
Primera escena
Se ve el salón de una suite y se escucha en off la voz de Alfonso.
Voz: “Te escribo desde el banco porque tenía que ponerte al tanto inmediatamente. Acabo de hacer el depósito y, a partir de hoy, sos de nuevo dueño de lo tuyo. Han sido tantas las veces que quise hacer esto y me ganó la cobardía que creo que estoy más complacido que vos. Menos mal que en aquella ocasión convencí a Débora de poner la casa a nombre de Ernesto, porque yo sabía que con él las cosas son más fáciles.”
Sale Flavio en ropa informal leyendo un papel y sentándose en un sillón. Continúa la voz en off narrando el texto del papel.
Voz: “No sabés cuánto siento todo, Flavio. Pedir disculpas a esta altura de las cosas es casi abominable. Sé lo que hicimos todos y me avergüenza aún más el trato despiadado que te dimos que el robo de tus bienes.
Hablé con Angélica y la puse al tanto de todo. En medio de tanta desdicha tuviste la fortuna de conocerla. Yo sé que ella sabrá administrar tus cosas adecuadamente. Bueno, creo que ya no queda nada más que te ligue a nosotros. Espero que de aquí en adelante las cosas vayan como deben ir. ¿Sabés que Rani asegura que así será? He logrado hablar a veces con él, aunque a espaldas de tu tía, quien lo odia desde que llegó, aunque yo lo considero el respiradero de la finca.
En fin, sólo le pediré a Dios o a la vida que te compense de la mejor forma.”
Alfonso
Flavio se queda meditando en el sillón. Suena el teléfono.
Flavio: ¿Pronto? (Pausa) Sí, señor Capella. (Pausa)¿En serio? ¡Pero claro que estoy de acuerdo! (Pausa) ¿A principios de mes? Genial. (Pausa) No, gracias a usted. Hasta luego.
Entra Angélica
Flavio: ¡Angie, te tengo una gran noticia! El señor Capella subastará algunas obras artísticas dentro de diez días en Il Trovatore y quiere que le lleve cinco esculturas.
Angélica (abrazándolo): ¡Genial! ¡Ese lugar es uno de los mejores! ¡Y aún estaré acá! (Mira el papel que tiene Flavio en la mano). ¿Y eso?
Flavio: Es el último correo que me envió tío Alfonso. No me había atrevido a leerlo hasta hoy.
Angélica: Es bueno ir cerrando esas puertas.
Flavio (bajando la mirada y cambiando el tema): Angie…yo…quisiera que te quedaras más tiempo.
Angélica: Pero Flavio, ya no puedo atrasar más la oficina, no querrás que desatienda los casos…
Flavio: No, en realidad tengo muchos deseos de que sigás atendiendo el bufete…aquí.
Angélica (sorprendida): ¿Cómo?
Flavio (tomándole la mano): Angie…lo único que extrañaría de mi antigua vida es tenerte cerca. (Le acerca la cara) Y eso tiene solución…
La besa y ella le corresponde
Flavio (pícaro): ¿Eso fue un sí?
Angélica (insistiendo): Acabo de abrir la oficina, Flavio…
El vuelve a besarla
Angélica (sonriendo y empezando a vacilar): Tendría que comenzar de nuevo…
Flavio la besa nuevamente
Angélica:…y…eso no es fácil…
De nuevo él la besa
Angélica: ….pero….podría intentarlo ¿no?
Flavio (sonriendo pícaro): Yo sabía que mis argumentos razonables acabarían por convencerte.
Angélica (sonriendo): Mmm…como que aún me siento … algo indecisa.
Flavio (siempre pícaro y sonriendo): ¡Qué bueno! (La besa de nuevo apasionadamente). ¿Qué tal si salimos a celebrarlo? Hay un lugar bellísimo cerca de acá. Y los gondoleros siempre tienen las mejores rutas para los enamorados…
Angélica (suspirando feliz): Mmmm…suena a película romántica de los años setenta…Sólo quisiera, además, pedir deseos al atardecer en el puente curvo…
Flavio: Ni hablar. Tendremos la noche más románticamente bella del mundo…sin olvidarnos del puente.
Angélica (acariciándole la mejilla): Iré a llamar al bufete. (Riendo) Ya veré qué historia invento. (Sale del salón).
Flavio se queda de pie con la mirada en el vacío y un gesto de complacencia. Se sienta luego en el sofá y enciende la radio. Suena “La Lluvia” de Gigliola Cinquetti y a los pocos segundos su expresión cambia. Comienza a escucharse la voz de su tía Débora en off, a manera de recuerdo. La melodía también se escucha ahora como parte del mismo.
Voz (en tono agresivo): “Las seis y quince, mocoso inútil. Te movés como si estuvieras drogado”//” Dejá de acomodarte la ropa, Flavio, total ¿quién repara en vos?” //“¿Traés un compañero a casa? (Risas) Bueno, a ver si llega a volver otra vez”// “¿Por qué no te defendiste del golpe, cobarde? A mí no me des quejas.”// “¿Pero…por qué le pegaste así al niño, enano salvaje? ¡Abusón!.” // “¡Ay, me encanta esta canción: …la lluviaaaa…!”
Flavio se levanta del sofá y y agita la cebeza. Mira al vacío con expresión de dolor.
Voz “ ¡Flavio! ¿Dónde diablos estás? (Maliciosa) Ahí tan escondido…quién sabe qué cosas no estarías haciendo…si yo sé que te gusta hacer porquerías a solas, ¡loco vicioso! “ //(Canta)”¡….no moja nuestro amor cuando yo soy feliiiiz!”. //”No quiero que vuelvan esos dos niños a casa, dejaron el garaje como un chiquero”// “Pablo es un salvaje, sólo a vos se te ocurre invitarlo, desconsiderado.”// “Flavio ¿Por qué estás tan solo? ¿Por qué tú no traes amigos?”// (Canta) ”¡….la lluvia ya no existe si me miiiras túúu…”// “Yo la verdad no sé en qué vas a terminar vos, yo no sé en qué vas a terminar… no sé en qué…”
Flavio apaga repentinamente el aparato, se toma la cabeza y lanza al suelo un florero, sentándose de nuevo en el sofá y golpeándolo con los puños, en un gesto impotente . Sale Angélica aprisa, alarmada.
Flavio (llorando, cayendo al suelo y tomando a Angélica de la cintura): ¡Angie…Angie!
Angélica (acariciándole la cabeza): Tranquilo, mi amor…
Flavio (desesperado): ¡No puedo, Angie, no puedo.! Está acá (señala su cabeza) y sale siempre, no puedo matarlo, Angie, no puedo. (Llora)
Angélica: Claro que podrás, amor. No vamos a permitirle hacerte más daño. Tranquilo, tranquilo.
Flavio (llorando desesperado abrazado a la cintura de Angélica): ¡Angie! ¡Angie!
domingo 31 de agosto de 2008
LA VENGANZA (PARTE V)
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Laura
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viernes 29 de agosto de 2008
LA VENGANZA IV
A los que están leyendo la obra acá les pongo lo que sigue, a los que no...
Ejem...que el post más reciente está abajo de este otro. Gracias por su atención. Y reporte la lectura de este si está siguiendo la historia. Buenas tardes.
Segunda escena
Flavio (suspirando): Nunca creí que volvería acá. Pensé que sería algo impactante, pero la verdad es que me siento tranquilo.
Angélica sonríe
Flavio: ….quiero que me acompañés a la exposición en Venecia.
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jueves 28 de agosto de 2008
TUS DERECHOS LOS DEFIENDE LA CONSTITUCION, TUS PADRES TE QUIEREN MAS QUE NADIE, LAS LEYES LABORALES TE AMPARAN Y...LA HIPNOSIS NO ES PELIGROSA
Sí, hoy voy a hablar de mitología y sus afines.
Y, hace unos días, por razones de mera casualidad, alguien me habló de un tema que siempre me ha dado je ne sais quá: la hipnosis. No me dijo nada nuevo. No hay nada fuera de este mundo en ese tema, pero lo que me aterra de él es el altísimo porcentaje de gente inmoral dedicada a sacarle provecho. (Y a perjudicar gente incauta que pensó que era un "divertimento"). A mí me revuelven el estómago esos programas españoles donde un imbécil (o muchos) se burla de una persona indefensa, a quien él "programó" inmoralmente para hacer el ridículo y humillarse. (Incluso puede quedar con alguna deficiencia o trauma si el "hipnotizador" supo manipularlo y darle una post-orden para que pasara eso). Una técnica así podría ayudar a controlar partos, perder muchos temores y fobias y mejorar la personalidad, pero el asunto no es eso sino encontrar alguien con la sabiduría y la ética enormes como para hacer un manejo perfecto del asunto. Y no sentir ese morbo enfermizo por esculcar en la intimidad ajena insanamente.
Digamos que sería como un tubo de ensayo con gérmenes de viruela que está en un laboratorio porque con él fabricarán vacunas para mejorar la salud pública. Pero eso, en manos de un inmoral, es el peor de los horrores. O bien, con un cuchillo filoso un chef hace lindas figuritas de verduras, y el asesino lo clava en el corazón de alguien. Y la vulnerabilidad de una persona hipnotizada es enorme. Y el cuento de que no se le puede obligar a hacer lo que no quiere es lo más cínico que he oído. Claro que si le dicen que se tire de un tercer piso no lo hará, pero si lo toman de la mano y le dicen que va a zambullirse en una piscina en un día de calor, igual saltará. Si la gente en vigilia es manipulable, quien sólo tiene el inconsciente despierto y toma su realiddad como la que le ofrece quien lo hipnotizó, es pan comido para empujarlo a hacer cualquier cosa o sonsacarle cualquier secreto que él quiera tener guardado pero que el terapeuta le convenció a anotar en un papel porque ese "es su diario íntimo", él está solo en casa y nadie lo va a leer. ¿Me explico?
Ojalá que sí. Porque cuando escribo de lo que me molesta me estreso. Y lo único natural que me convence como relajante es quizá, la auto-hipnosis. Bueno, y otra cosita también.
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LA VENGANZA III
Vamos avanzando en la historia...
(Y DEJEN COMENTARIO, QUE ASI ME ENTERO SI LES VA GUSTANDO)
Segundo acto
Primera escena
Débora habla por teléfono en la sala de su casa.
Débora: Bueno, yo ni los conozco, la verdad. Pero tan rara esa gente, con túnicas y sandalias. (Pausa)¡Y yo qué sé! Hindúes, árabes, ¡qué sé yo! Pero adinerados, porque le pagaron bien. (Pausa) ¡Pero si antes de irse a Roma sólo servía para mirar al cielo y lamentarse! Y esa “ecola de art” debe ser cara. (Pausa) No, no tengo idea. Ese tipo es raro, a nadie le ha escrito, aunque de por sí no le hubiéramos contestado.
Entra Alfonso, su marido, Débora lo saluda con la mano.
Débora: No, ya no tiene nada acá. Nada lo ata, aunque de todas formas nunca nadie quiso amarrarlo (ríe con sarcasmo). (Hace gestos a Alfonso). Mirá, te llamo mañana, ahora tengo que hablar también con Alfi. Adiós.
Alfonso: Era Vanesa, supongo.
Débora: Está fatal, la pobre. Mirá que sacarse esa rifa…(pone cara de tragedia)
Alfonso: Pues a mí no me molestan los nuevos vecinos. Y hasta me gusta su música.
Débora: No digás eso ni en broma. El infeliz de Flavio tenía que hacernos algo así.
Como nunca logró adaptarse a nosotros, nos caga la propiedad. ( Se vuelve buscando algo) ¿Dónde lo dejé?
Comienza a sonar música hindú a lo lejos y Alfonso entrecierra los ojos y mueve el torso siguiendo el ritmo y sonriendo a medias.
Débora (Volviéndose):¿Qué estás haciendo?
Alfonso (medio sobresaltado): Nada.
Débora: En lugar de payasear, deberías ayudarme a buscar un recorte. ¿Podés creer que la tipita esa salió hoy en el diario?
Alfonso: ¿Qué tipita?
Débora: La abogadita enemiga de la Navidad y las familias unidas.
Alfonso: ¿Angélica? ¿Cuándo dijo ella que fuera enemiga de…?
Débora: ¡Mové ese trasero y ayudame a buscar! Parece que Flavio le obsequió uno de sus muñecos ¡y ahora resulta que el emplasto es valioso!
Alfonso (sorprendido): ¿En serio?
Débora: Si…lo exhibieron en la Casa Roma y parece que un experto lo valoró muy bien.
Alfonso (levantando las cejas): Mirá el Flavio. Debió contarnos.
Débora: ¿Pero vos estás demente? ¿Por qué no lo invitás también a tomarse unos tragos?
Alfonso (bromeando): Porque está muy contento allá. (Más serio) Y dijo que no saldría de Italia…(se detiene sobresaltado).
Débora (asombrada): ¿Hablaste con él?
Alfonso (turbado): Un par de veces, nada más. Me dio mucha pena que intentara suicidarse. (Baja la cabeza) El no nos hubiera hecho daño, sólo estaba sufriendo. Por suerte allá le ha ido bien…
Débora (interrumpiendo): ¡Alfonso, ¿vos de parte de quién estás?!
Alfonso: No hay que tomarlo así, mujer. Con esa actitud quien pierde sos vos. Recordá tu gastritis…
Débora (furiosa):¡Recordala vos y dejá de hacer estupideces!
Alfonso (meditando): ¿Sabés Débora? Nunca entendí por qué debíamos odiar a Flavio. ¿El qué nos hizo?
Débora: ¿Odiarlo? ¿Acogerlo en nuestra finca y hacernos cargo de él y sus bienes es odiarlo?
Alfonso: Vos sabés a qué me refiero. Siempre lo trataron como si les debiera algo, cuando más bien…
Débora (a la defensiva): ¿Qué?
Alfonso: Su patrimonio era mayor, Débora. No te hagás la desentendida que entre gitanos no vamos a leernos la mano.
Débora: Y vos nunca te quejaste al respecto. (Sarcástica) Agarrabas bien fuerte la platita que te caía cada tanto.
Alfonso (contrariado): Sí, es cierto. Y no sabés lo que daría por echar atrás el reloj…No había justificación para…
Débora: ¡Qué cómodo es arrepentirse a destiempo, cuando casualmente ya no se puede hacer nada!
Alfonso: Sé que ya eso no importa en la vida de Flavio. Es como tratar de recoger la leche derramada. (Pensativo) Quizá es por mi propia vida que quiero zanjar este asunto. Y si de paso él se beneficia algo…
Débora: ¿Zanjar el asunto?
Alfonso: Por años y años seguí la corriente de todos ustedes, aceptando lo que me quedó cómodo. Pero, el día que Flavio enloqueció, la realidad me golpeó toda de una vez. Fue como haberme dejado de ver en un espejo a los nueve años y volverme a ver a los noventa. Vi nuestros horrores, nuestras marcas, nuestra fealdad de alma al desnudo, sin maquillaje.(Angustiado) ¿Por qué, Débora? Casi comprendo lo del robo, pero ese ensañamiento con un inocente, esas frases lapidantes, esos sobrenombres infames a un niño…
Débora: El siempre fue una persona difícil…rara. No sólo le costaba relacionarse con nosotros sino con todos los que conocía. Era tímido con la gente….
Alfonso (alzando la voz): ¡Vos sabés que eso no es cierto! ¡Le inventaste esa imagen ante el mundo desde que era un niño porque te convenía! ¡Así no era tan monstruoso que te vieran maltratándolo, después de todo sólo se trataba de lidiar con el loquito!
Débora: No seas ridículo. Dejá esos dramas para “Joligú”, que a vos te salen patéticos.
Alfonso: Siempre has sido dura tratando a la gente. Pero no puedo imaginar cómo sería soportar eso desde que se tiene memoria. Hace tiempo que la soledad de Flavio, su dolor, su impotencia, me rondan como fantasmas. Y no entiendo cómo tantos vieron lo que estaba pasando y nunca hicieron algo.
Débora: Quizá porque en realidad no pasaba nada, don paranoico. (Burlona) No, si Flavio tuvo de quién aprender…
Alfonso (sentándose y tomándose la cabeza): ¿Hasta cuándo piensan seguir en ese mundo paralelo que se fabrican para esconderse de sus propios horrores? Le robamos a ese inocente algo peor que dinero. Le robamos vida. Infancia. Dignidad. ¡Su propia familia se lo hizo, Débora!
Débora: Bueno, a fin de cuentas ya se fue para allá y si está bien…
Alfonso (gritando): ¡Por Dios, mujer, fueron décadas! ¡Las primeras de su vida! ¡Matarlo hubiera sido menos cruel!
Débora (furiosa): Andá bajando la voz que nuestros parientes querrán dormir.
Alfonso: Es increíble que puedan hacerlo. Es que parece que hasta el sueño le quitaron a Flavio para tenerlo ellos de sobra.
Débora: Mirá, no voy a oír más. Hasta mañana. Y recordá que el Licenciado Tovar nos espera a las diez.
Alfonso: No pienso ir. No pienso seguir robando ni quedarme impávido ante eso.
Débora: Hacé como te plazca. (Intenta irse).
Alfonso: Vendí la casa de la entrada y deposité el dinero en el Banco Romano. Además le traspasé los bonos a Flavio.
Débora (impactada): ¡¿Qué?!
Alfonso: Mañana iré yo también a otro abogado. Quiero que nos divorciemos.
Débora (sin prestar atención a esto último): ¿Qué hiciste qué con la casa?
Alfonso: Se la devolví a su dueño, sólo eso.
Débora: No te creo. Ernesto no hubiera firmado nada.
Alfonso: Pues lo hizo. No salió en todo igual a vos, Débora.
Débora: ¿Qué cuento retorcido le inventaste?
Alfonso: Nuestro hijo es un adulto. Nadie lo engañó. Le hablé de hombre a hombre pidiéndole que escuchara su conciencia. Entendió que adueñarnos de lo que no es nuestro no se llama de otra forma más que robo.
Débora:¡ …y además me hacés quedar ante él como ladrona!
Alfonso: Su decisión tuvo que ver con el bienestar de su primo, no con hacerte quedar a vos de algo. Mi fin era que él rectificara, nada más.
Débora (furiosa): Ahora sólo falta que me digás que convenciste a toda la familia de donar sus bienes al huerfanito.
Alfonso (vacilando): Sólo a Ernesto y a…Gaby.
Débora: ¿La engatuzaste también a ella? (gritando) ¿Tenés idea de lo que hiciste, pobre infeliz?
Alfonso: Claro que sí. Y hace mucho que no me sentía tan orgulloso de hacer algo.
Débora lo abofetea. El permanece impávido.
Débora:: ¿Hace cuánto que actuabas a mis espaldas?
Alfonso: Hablás como su hubiera un complot, en lugar de tratarse de una cuestión de justicia…
Débora: ¡Tu justicia es tan ridícula como la del juez que lo manda a una cliniquita porque se lo sugirió la tipa esa!!
Alfonso (exaltado): ¡…en bendita hora se le cruzó en el camino. Tal vez al fin los ruegos de Flavio fueron escuchados y ella vino a liberarlo de nosotros y de todas las ataduras infernales que le pusimos! ¡A resucitarlo de esa muerte en vida que lo devoró por tantos años y por nuestra culpa exclusiva!
Débora (llorosa): ¿Pero a qué viene ese cambio repentino, Alfonso? ¿Te convenció ella?
Alfonso (irónico): No fue necesario, Débora. Lamento no darte el placer de tener un pretexto para hablar mal de Angélica, quien engrosa la lista negra de ustedes por haberse atrevido a ayudar a Flavio.
Débora: ¿Qué decís?
Alfonso: Está bien, seguí en tu mundo paralelo, diseñado a tu conveniencia. Seguí fingiendo que nunca hiciste lo imposible porque Flavio permaneciera solo, de manera que todos pudieran hacer con él lo que les daba la gana.
Débora: Hablás como si yo hubiera sido la única que no logró entenderse con él. Los demás no eran precisamente sus hadas madrinas.
Alfonso: No, es cierto. Todos fuimos igual de lacras. Quienes debimos estar presos desde hace muchos años somos nosotros. ¿Sabés que si la ley hubiera actuado como correspondía la pena que querías para Flavio era mucho más corta que la que nos hubieran dado? En total son unas siete causas.
Débora (recostada a un pequeño mueble): No quiero verte nunca más en mi vida.
Alfonso: Descuidá. Pensaba hacerlo mañana, pero ya mismo empaco y me largo de esta finca del demonio.
Débora (sacando un revólver del mueble y apuntándole): La maleta está de más.
Alfonso (asustado): Débora, ¿qué estás haciendo?
Débora: Apurarte el viaje, pendejo dos caras.
Alfonso: Soltá eso, no actués como una loca.
Débora: No, si nunca he estado más cuerda. Y yo también me arrepiento de algo. De no haber hecho esto antes.
Alfonso: ¡Débora, por Dios…
Débora dispara dos veces contra Alfonso, las luces se apagan y se oyen más disparos a lo lejos.
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miércoles 27 de agosto de 2008
LA VENGANZA ( II )
Bueno, para que se vayan enterando de qué pasó con Flavio y la navaja...y conozcan al resto de los personajes. No puse en negrilla los nombres por falta de tiempo, pero creo que está clara.
Segunda escena
Angélica se encuentra en su oficina revisando expedientes. Suena el teléfono.
Angélica: Diga
Flavio: ¿Cómo está, Angélica? Ando por la zona y se me ocurrió pasar a saludarla. Si no es inoportuno, claro.
Angélica (sorprendida y alegre): ¡Flavio, qué sorpresa! ¡Claro que no! ¿Viene para acá?
Flavio: Termino una diligencia en el banco y me voy.
Angélica: Perfecto, acá lo espero. Tendrá tanto que contarme. (Con prudencia) ¿Cómo estuvo San Jerónimo?
Flavio : Bueno, usted tenía razón. La clínica no era un lugar atemorizante y sí supieron hacerme sentir mejor. No sé si la compasión por el triste suicida los motivó más o si así son siempre, pero no tuve de qué quejarme, la verdad.
Angélica: Me alegro
Flavio: Bueno, la veré en un rato.
Angélica: Hasta pronto, Flavio.
Sigue en su trabajo hasta que de pronto descubre a una pareja de unos cincuenta y tantos años en la puerta.
Mujer (Cortante): Buenas tardes, Angélica.
Angélica: ¿Qué …hacen aquí, doña Débora?
Débora: Teníamos que hablarle.
Angélica: No lo creo.
Débora: Pues sí lo creyó cuando fue a hablar con Vanesita y con Jorge.
Angélica: Eso fue un acto de humanidad. Además, como usted misma dice, con quienes quise hablar fue con ellos.
Débora: Bueno, eso no importa. Sólo quiero saber por qué fue allá.
Angélica: Quería ayudar a Flavio. Pensé que si averiguaba cómo aliviar un poco ese tormento quizá lograra recuperarse del todo.
Débora: ¡Qué ironía! Él intenta matarnos a nosotros y usted se desvive por conservarle la vida.
Angélica: Quería que conservara la dignidad, sobre todo. La vida de nada sirve si nos faltan otras cosas que son las que hacen que la existencia merezca llamarse así, “vida”.
Débora: A Flavio nunca le faltó nada. Tuvo comida, techo, educación…
Angélica: ¡Ay, señora Cox, qué básica es usted!
Débora: Mire, niña, cuide lo que dice.
Angélica (dirigiéndose a los dos): Les recuerdo que fueron ustedes quienes vinieron a mi oficina. Y si me disculpan, estoy ocupada.
Hombre (a Débora): ….mujer…
Débora (ignorándolo) Usted me va a decir qué habló con Vanesita.
Angélica: Pues…nada, prácticamente. Ella fue quien habló sin parar de galletas navideñas y granola y pavo al vin-blanc algo. Y eso cuando dejaba de cantar villancicos a todo pulmón.
Débora: Nosotros amamos la Navidad, ¿verdad Alfonso? ¿No le gusta a usted acaso?
Angélica: Señora, no creo que haya venido acá para saber eso. Pregunte de una vez lo que quiere saber.
Débora: ¿Qué habló con Jorge, entonces?
Angélica: Quería saber de la vida de Flavio, un hombre que me inspiraba compasión, sin perderle por eso el respeto. Aunque lo que me contó no sirvió de nada, porque me niego a creer que ese hombre sensible y respetuoso, ese conejito acorralado en su madriguera, fuera el asesino en serie que querían hacerle creer incluso a él mismo.
Débora (escandalizada): ¿Quiere decirnos que fue una alucinación que en plena reunión familiar sacara un revólver y nos amenazara a todos?
Angélica: Creo que fue el proceder de un hombre desesperado, a quien toda su vida lo forzaron a vivir al borde del precipicio. Trate usted de soportar sobrenombres humillantes, tratos desventajosos, disminución enigmática de su patrimonio y encima indiferencia absoluta de la sociedad ante esto y a ver si no quiere vaciar una AK-47 encima de la humanidad entera.
Débora (ofendida): ¿Está insinuando que yo podría ser asesina?
Alfonso (a Débora): ….mujer…
Débora (ignorándolo): ….porque ese es delito de calumnia, por si no lo sabe.
Angélica: No, señora. Calumnia es otra cosa. Yo dije que usted no sabe lo que ha pasado Flavio. Y que si le hubiera sucedido algo así, en la de menos también pierde los estribos.
Débora (alzando la voz): Dar un portazo es perder los estribos, lanzar un florero al suelo es perder los estribos, ¡gritar es perder los estribos! Amenazar con un arma es ser un asesino.
Angélica: ….o sea que, para usted, todos los policías son asesinos.
Débora: ¡No se haga la tonta! Sabe que eso es distinto.
Angélica: ¿.y el que mata en defensa propia, digamos por defender a su esposa de un delincuente que entró a su casa?
Débora: Usted, lo dijo, defensa propia.
Angélica: Pues el pobre Flavio, en su confusión, sólo ansiaba defenderse, hacer un intento más, por loco que fuera, de poner en su sitio a toda esa gente que lo atormentaba. Recuerde que él sólo es uno y ustedes son muchos.
Débora: Y usted le creyó totalmente que nosotros le hicimos mal alguna vez.
Angélica: Si no lo hubiera creído no lo hubiera defendido.
Débora: ¡Usted estaba de oficio!
Angélica: Si hubiera creído un criminal a Flavio habría porfiado una pena menor, por ejemplo, pero no hubiera alegado demencia temporal. Jamás dejaría a un delincuente andar libre por la calle.
Débora: Ya veo que es inútil tratar de dialogar. Si Flavio intenta de nuevo atentar contra nosotros usted será la responsable.
Angélica: No lo hará, señora Cox, se lo aseguro. Yo lo convenceré de que eso no tiene sentido.
Débora: ¿Lo irá a ver al manicomio?
Angélica: La estancia en la clínica ya terminó. Pero no se preocupe, yo me las arreglaré. Ahora, si no tienen más preguntas, tengo que trabajar. (Los toma del brazo).
Débora: No trate de burlarse de nosotros, Angélica. Si llego a saber que nos envuelve con mañas….
Alfonso (mirando a Débora): ¡Mujer!
Débora (ignorándolo): ¡Está advertida!
Angélica (guiándolos hacia la salida): Que tengan buenas tardes. (Algo irónica) Un placer hablar con ustedes…con los dos, ¿eh?.
El hombre hace una inclinación de cabeza y Débora la mira de reojo antes de irse. Angélica se sienta en su escritorio, meditando indignada. Al rato aparece Flavio en la puerta con un paquete en la mano.
Flavio:¿Se puede o interrumpo una coartada maestra?
Angélica (sonriente de pronto): Pase, Flavio qué gusto me da verlo. (Lo abraza y señala un sillón, ambos se sientan) .Cuénteme cómo ha seguido todo, no sabe cuánto deseaba ir a verlo a la clínica, pero el doctor dijo que era mejor que no tuviera visitas.
Flavio: Bueno…medité, pensé, como usted dijo. Y creo que lo intentaré una vez más.
Angélica sonríe
Flavio: No sé si esa sea la mejor decisión, si tal vez no hubiera sido más apropiado terminar todo esto de una vez, pero… no sé, de pronto siento algo, como una pequeña luz creciéndome dentro que me da el valor para tratar de levantar lo que está despedazado en el suelo. Ah, por cierto, quise traerle esto. (Le entrega el paquete).
Angélica lo abre y saca de una caja una escultura de una figura alada, de apariencia humana pero semejando también un pájaro.
Flavio: Lo tallé hace mucho en un curso universitario. Es mi idea del Ave Fénix.
Angélica (sonriendo y mirando la figura): Gracias, está muy lindo. (Cambia de pronto de expresión).
Flavio: ¿Pasa algo?
Angélica: Hace un rato vinieron los Cox. No quería contarle para no indisponerlo, pero creo que es mejor decirle la verdad.
Flavio (un poco molesto): Ya imagino qué le dijeron. No haga caso de nada, esta gente odia a quien me ayuda.
Angélica: Caso no les haré nunca. Y bueno, cuando se es abogada ya se sabe que siempre habrá alguien enojado con vos. (Ríe y medita luego) .Pero …respecto a usted…¿sabe? Cuando me contó su historia sentí que debía haber justicia más allá de lo que un tribunal resolviera. Ellos qué saben de su impotencia cuando era niño, de su soledad, de tantos criminales que andan sueltos por la calle sin cargar nunca una pistola, pero matando inocentes de la forma más cruel que se pueda imaginar.
Flavio: Un tribunal no aceptaría una demanda de ese tipo…
Angélica (firme): Con los juzgados y la ley de acá (toca un código) ya terminamos, Flavio. Hicimos un trámite burocrático más. Yo hablo de voltear la hoja, de que usted reclame lo suyo, de….(vacila pero luego dice firme acercándosele) vengarse de verdad.
Flavio (asombrado) : ¿Cómo?
Angélica: Sólo así podrá poner fin a esta situación. Esta gente se sentirá víctima y querrá que usted pague hasta el fin de los tiempos el gran daño que quieren hacerle creer que les hizo. No importa si ellos lo empujaron a delinquir, quieren que lo devore la culpa. (Lo mira fijamente) ¿Usted cree que aquella celda era una cárcel? No, las peores prisiones no tienen muros, ni siquiera se ven. Y sin embargo son las que más cuesta derribar. Y la culpa, Flavio, es el equivalente invisible de San Quintín, donde usted es su propio carcelero. Para ellos cuanto más culpable se sienta, mejor.
Flavio: …no quiero complicarme más la vida.
Angélica: Le explicaré con ejemplos….muy, muy extremos. ¿Sabe quiénes son Ed Gein, Charles Manson y Jeffrey Dahmmer?
Flavio (asustado): …bueno, pero yo no…
Angélica (amable pero firme): ¿Sabe quiénes son?
Flavio: Tres…asesinos en serie.
Angélica: Bueno, eso fue cuando sus pobres mentes no pudieron más. Antes fueron tres hombres como cualquiera, como su vecino, mi hermano Nando o usted mismo. Sólo que ellos, además de tener el infortunio de ser agredidos brutalmente en su propia casa, no supieron luego vengarse.
Flavio: Pero mataron a muchos…
Angélica (interrumpiendo): Sisisí, a muchos de afuera. Al menos usted se enfureció con la fuente correcta. Pero contésteme: ¿Cómo era la madre de Gein?
Flavio: Sé que no dejaba a sus hijos salir de la granja. Era estricta, tradicional…
Angélica: ¡…la vieja era una cabrona y punto! Torturó y aisló a Eduard lo más que pudo, luego de dar en tierra a su hermano. Se encargó de hacerlo un depósito para sus represiones y complejos. Lo quería solo, inseguro, castrado. Y lo logró, la infeliz. Le contaría la historia de los otros, pero sería decir tres veces lo mismo.
Flavio: ¿Cree que ellos debieron…matar a sus madres?
Angélica (un poco divertida pero manteniendo la firmeza): Creo que debieron vengarse. No confunda peras con manzanas, ¿sí?
Flavio: ¿Entonces?
Angélica: Sus madres, quién sabe por qué, los querían ver de la forma en que terminaron. Les dijeron toda la vida que nunca harían nada útil, que estaban mal de la cabeza, que acabarían en la cárcel…¡Y ellos les dieron gusto!
Flavio: Pero…
Angélica: Mire…le contaré una historia opuesta. Tengo un amigo que siempre quiso posar para un pintor que era exigentísimo, aunque nunca dijo qué buscaba exactamente en la gente que pintaba. Pero empezó a tener cierta fama y todos querían ser sus “musos”. Luis se obsesionó con esto y casi se muere cuando no lo seleccionó. Entonces se trazó un plan.
Flavio: ¿Un plan?
Angélica: Se propuso tener el aspecto y la personalidad más impactante del mundo, una apariencia que el pintor Medeiros no pudiera ignorar…y comenzó a alimentarse muy bien, hacer ejercicios, dejar de fumar, mejorar su postura…. llegó a ponerse tan en forma que casi no había mujer que no volteara la cabeza cuando le pasaba al lado.
Flavio: …y luego el pintor tuvo que admitirlo entre sus “musos”.
Angélica: Un día, mientras hacía abdominales en el parque, lo vio un representante deportivo y le propuso jugar rugby una temporada. Luis resultó un verdadero crack y se quedó por tres años. Hoy es famoso en Inglaterra, rico, admirado y…vive en Londres con su esposa, una varonesa. Del pintor ni recuerda el nombre.
Flavio (sonriendo con sorna): Pero apuesto a que Medeiros sí se acuerda de él todos los días.
Angélica (sonriendo maliciosamente): A propósito, ¿usted había oído hablar de ese artista?
Flavio (casi riendo): No
Angélica (maliciosa): Flavio, creo que comenzamos a entendernos.
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REGALO TARDIO
Primera escena
Hombre en el pasadizo: Recuerde, estaré acá a los cinco metros. No tenga reparo en gritar si las cosas se complican. Puedo prestarle mi radio, si es necesario.
Chica (medio riendo): Ay, hombre, no voy a interrogar al doctor Lecter. Qué dramatismo.
Hombre: Al menos Jodie Foster se cuidó de usar falda larga y dejar los tacones altos en casa.
Chica: O sea que, según usted, debí pedirle la ropa prestada a alguna musulmana.
Hombre: Este no es un internado de señoritas, recuérdelo. Arriesga su integridad mostrándose así ante hombres como estos.
Chica: Por si no lo sabe, sólo “me mostraré” ante uno, y, que yo sepa, no está aquí por violación.
Hombre (desistiendo): Como guste. Pero no olvide lo que le dije.
Llegan a la puerta de la celda y el hombre abre.. El tipo encarcelado los mira con angustia.
Chica (acercándosele y extendiéndole la mano): Buenas tardes, señor Rivera. Soy Angélica Font, su defensora.
Hombre (tímidamente y mirando al guardia): Buenas…
Angélica voltea a mirar al vigilante y este se retira.
Angélica: Espere, voy a constatar que se fue. (Se asoma). Listo, ya puede contarme todo. No olvide que la honestidad es básica entre el abogado y su defendido. Yo asumiré que lo que me dice es verdad porque quiere que las cosas resulten lo mejor posible.
Flavio (sentándose en una pequeña silla y hablando en tono suplicante): No sé ni por dónde empezar. Le juro que cualquiera hubiera hecho lo mismo, yo le aseguro que…
Angélica (amablemente): Trate primero de contarme los hechos de la manera más objetiva, como si se tratara de algo que no tiene que ver con usted. Luego podrá darme su punto de vista, ¿está bien, Flavio?
El asiente con la cabeza
Flavio (ya entrando más en confianza): ¿Sabe? Usted es de las pocas personas que me llaman correctamente desde la primera vez. Todos me dicen Fabio o Braulio al principio. Aseguran que mi nombre es muy raro.
Angélica: No se preocupe, todos debemos pasar por esos pequeños karmas. Apuesto a que el número de veces que le han dicho que su nombre es raro no es mayor del que yo he oído decir a taaantos que debí estudiar la profesión de la familia.
Flavio sonríe
Angélica: A veces creo que le daré un sopapo al próximo que me ponga ojos de huevo duro y me diga: “ Si tenías la vida asegurada estudiando ingeniería…¿por qué fuiste abogada?”
Flavio sonríe de nuevo
Angélica: Pues como decía, trate de contarme todo como si narrara una película, desde afuera.
Flavio: Trataré, pero…no es nada fácil. (Suspira) Ese era un conflicto de todos los días…todos los días durante años. Los ambientes cerrados se llegan a convertir en verdaderos infiernos.
Angélica: ¿Recuerda cómo comenzó todo?
Flavio: Desde siempre las cosas anduvieron mal… Y a mí me atormenta el no saber por qué, le juro que traté de averiguar, hablé con ellos…
Angélica: No tiene que jurármelo. A menudo pasa eso, de increíble no tiene nada. (Amablemente) Prosiga.
Flavio continúa mientras se oye únicamente música en off. Por momentos la expresión de Angélica es de extrañeza, a veces de asombro y a veces pensativa. Finalmente, Flavio acaba el relato.
Flavio: ¿Cree que tengo algún chance, señorita Font?
Angélica: Bueno, técnicamente hablando, aquí no pasó nada. No hay muertos, ni heridos, ni ningún tipo de perjuicio…más que para usted mismo. Todo quedó en “intento de…”. Por otro lado, su historia me parece conmovedora.
Flavio: ¿Qué haremos? ¿Alegará demencia temporal?
Angélica: Sería lo más prudente: es su primera vez y siempre ha sido un buen ciudadano. Alegaremos que estaba deprimido, esta gente se pasó de la raya –por enésima vez- y su sistema nervioso colapsó. Unos días en alguna clínica de reposo y la cosa no pasará a mayores.
Flavio (asustado): Esos…lugares…¿son así como cuentan?
Angélica (sonriendo): No se preocupe, no le van a poner camisa de fuerza ni electrodos en la cabeza. Va a tener la oportunidad de alejarse de lo que lo atormenta y dedicarse a sanar su espíritu, su mente. Serán pocos días, pero si los aprovecha pueden convertirse en el punto de partida para un nuevo comienzo.
Flavio (entristecido): No creo tener fuerzas para comenzar nada.
Angélica: Si eso es lo que desea, la fuerza surgirá sola. Pero es usted mismo quien debe decidir qué hacer.
Flavio: Sí, lo sé.
Angélica (tratando de sonar comprensiva): Yo sé que hay que estar en el lugar del otro para entender lo difícil que es sanarse emocionalmente de algo. Por eso nada más le diré que, sinceramente, deseo que logre reponerse tal como se merece. Bueno, creo que por hoy es todo. Nos veremos la semana entrante. (Le extiende la mano).
Flavio (estrechándole la mano): Adiós, señorita Font.
Angélica llama al vigilante, este abre la puerta y cierra luego con cuidado. Flavio se sienta en una silla y medita. Mira desesperado alrededor y revuelve y golpea la cama, hasta que logra despegar una pieza de metal. La aprieta con efusividad y la mira detenidamente.
Flavio (con expresión melancólica): A algunos siempre les quedará París. A mí siempre me quedarás vos.
Pasa el dedo y la palma de la mano nerviosamente por uno de los lados probando el filo. Luego la vuelve a colocar bajo la cama con expresión incierta.
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lunes 25 de agosto de 2008
LAURA, LA NINFA
-Los animales que tienen cerca suelen acercárseles porque saben que ellas no les harán daño, sólo los acariciarán.
-Aman y defienden la naturaleza.
-Odian la fealdan del alma y la maldad.
-Curan animales heridos.
-Son seres pacíficos.
-Cuando detectan peligro, se escapan creando puertas dimensionales. Bueno, cada cual escapa de lo que quiere en la forma que prefiere, ¿no? Yo me voy derechito a Orión.
-Como ellas, yo quisiera ser joven toda la vida.
Pero esta sí que no me gusta: cuando alguien contempla a una ninfa desnuda, muere en el acto. Por lo menos que se muera después del acto, ¿no?
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domingo 24 de agosto de 2008
CUANDO VOS DORMIS...
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viernes 22 de agosto de 2008
¡RAYOS! ¿SERA UN MENSAJE DE LOS DIOSES?

Cuando a los 17 o algo así decidí teñir algunas mechitas de mi pelo en un tono más rubio el resultado fue bueno, pero tardé bastantes años en repetirlo. Y, la tercera vez, aquello fue un desastre. Por todas partes, porque hasta una señora amargada me llamó de todo cuando conté la historia en otro lado (de ahí el post "La mugre en el cristal"). En fin, que el asunto se resume a un trabajo mal hecho, mucho dinero invertido, una ilusión rota y más dinero gastado para recuperar mi color natural (mucho más claro que en la foto) y quedar como al principio.
Desde hace diez meses, más o menos, tengo de nuevo el antojo de pasar del rubio oscuro Nº7 (¿vieron qué términos de estilista?) a rubio medio número no sé cuál. Lo que suena, incluso para las mujeres, como algo normal y de todos los días (para los hombres ni pregunto) ha sido algo que ha tenido más atravesaños que si fuera a matar al ser más importante del mundo.
Como dije, primero tuve que volver a mi tono, luego usé sin saberlo un champú de henna que me volvió el pelo verde por tres días y tuve que hacerle un tratamiento para regresarlo de nuevo al tono humano, más adelante iba al fin un lunes a hacérmelos cuando al medio día me dio fiebre, náuseas y dolor de cuerpo: me había intoxicado con los mariscos de un restaurante donde había comido el sábado. (Por cierto, el dueño degenerado de ese lugar enfermó a 200 personas, dos de ellas casi mueren y ahora tiene más de cien demandas judiciales, qué bueno). Aunque gracias al suero que compré en la farmacia y al agua de pipa que me recetó mi mamá al día siguiente estaba bien, tuve que cancelar la cita.
Hace unas cuatro semanas tenía de nuevo el dinero listo y ya había hablado con Rodolfo, el peluquero, y...el dinero lo invertí enterito en el pago del estudio del lunes. O sea que, por el momento, no hay rayitos de nuevo. Esteban me dice mil piropos para que no piense que es cosa de brujería o algo semejante. Yo lo oigo más que complacida, pero igual ando en busca de un "espantabrujos". Este mundo, con ese defecto que tiene de ser mitad material y mitad algo intangible que todos llaman de diferentes formas, te hace buscar cosas como esa.
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miércoles 20 de agosto de 2008
MUUUCHAS FOTOS





Vacas bailando, pintando, partidas en dos y hasta sin trasero...sorry por no poner las fotos más grandes.
Aún estoy medio de bajón porque no quería tener esa cosa de la hernia, aunque sea pequeña. (Le pedí a los dioses mil veces que no la tuviera). Y que la señora que me atendió por teléfono en la clínica y me pidió los datos me anotó un poco más de edad, menos mal que no me estaba viendo (¿qué se creyó esa cacatúa? ¿quería que me diagnosticaran como si fuera unos años mayor?).
Pero voy a cambiar el tema y a enseñarles algo más del COW PARADE. (Pero ojo, se siguen aceptando palabritas de cariño, ¿eh? que eso hace muy bien al estómago) Un abrazo.
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martes 19 de agosto de 2008
...Y PASÓ EL DÍA CERO
-Me lo haré sin sedante.
-¿En serio? ¡Qué raro! Todos lo piden.
-Yo prefiero que no. La doctora ya sabe.
-Bueno, pero te hubieras relajado muy rico. Y no hubieras sentido nada.
-Este no lo necesitás si estás despierta, pero hace que el ruido cese y estarás más cómoda. Y nunca está de más monitorear los signos vitales. ¿Es primera vez?
-Sí.
-¿Estás nerviosa?
-Tranquila, recostate sobre tu costado izquierdo y tomate esto (un agua café) que ya viene la doctora.
La doctora entró y me colocó una toalla entre la barbilla y el hombro. Y sacó la sonda, igualita a la que puse en el otro post. Me roció la garganta.
- Vos concentrate en respirar, sólo eso.
- ¿La presión está bien? Estuve tantos días tan tensa....
- Está perfecta, tranquila. Ahora, no tragués, no te movás, relajate lo más que podás y sólo respirá. Dejame acercar el monitor que vos querías verte.
Y comenzó la introducción. Al principio se siente raro, más gruesa la sonda de lo que es. Aguanté. Respirar, respirar.
-Mirá tu esófago. Está irritado, tenés reflujos. Y eso chiquitito es una pequeña hernia hiatal.
Introdujo la sonda más hacia el pecho. Ahí fue, la verdad, terrible. Nada duele, pero en ese punto casi me arrepentía de no haber pedido el sedante. Sentí unas arcadas enormes.
-Respirá, respirá, niña.
Y trataba de distraerme enseñándome el monitor. Ese es tu estómago, tenés una gastritis media, este tejido con pliegues debería verse más sano, ¿ves?. Cuando la sonda llegó al duodeno (principio del intestino delgado) sentí que me moría (y no exagero ni hago teatro, no iba con ninguna intención de sentir nada incómodo ni nada), las arcadas ya no pude retenerlas y, luego de tragar varias veces, vomité. No sé de dónde salió tanto vómito, porque no había comido nada en todo el día. La doctora me calmó.
- Tranquila, mamita, devolvé. Póngale más toallas para que no se ensucie la blusa.
Luego sentí que sacaba la sonda. Pensé que me diría que despierta el examen no había podido hacerse bien y que lo repetiríamos dormida, pero no. Dijo que eso era todo, que se exploró todo bien y que descansara un rato. Luego me explicó lo que tengo: una pequeña hernia hiatal (congénita muy probablemente) que me provoca reflujos; gastritis crónica moderada y, en apariencia, síndrome del colon irritable. Debo evitar ciertos alimentos, tomar una pastillita al día (la que Ginger dijo) y, para el colon otras medicinas que si no me curan en dos meses, deberé hacerme otro examen ahora sí palabras mayores: colonoscopía. Pero es casi improbable porque los males que requieren ese examen le dan a gente de mucha más edad. (Hay excepciones, pero no es probable).
Así que ya pasó todo. En dos meses vuelvo a consulta. Espero que sanita y feliz. ¡Ah! Y ya sé que deberé hacerme la gastroscopía muchas otras veces en mi vida. Qué importa, ya sé a qué voy. Y si me vomito, no pasa nada. Por cierto, fue muuuucho más cortito de lo que me imaginaba.
Gracias por animarme y, tal como lo prometí, me llevé los comentarios en el jeans. Apenas arregle el Phone Tools les pongo una foto que me tomé al respecto, je.
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jueves 14 de agosto de 2008
DIA CERO
Yo espero no necesitar inyección, pero, por si acaso, iré acompañada. Se supone que el efecto pasa en unos 20 minutos, pero por si me dura un poco más, tomo precauciones.
Tenía muchas ganas de hacerme el examen hoy y terminar con esto pronto, pero he tenido tantos atravesaños que preferí hacer caso a eso y dejarme llevar. Entre otras cosas, mañana es feriado (día de la madre) en Costa Rica y la gente en la calle se pone medio tocada. La cocina de mi casa está derribada por remodelación y el ruido de las labores no me dejaría descansar si me siento mareada. Hoy nadie puede acompañarme. Y hoy mis papás van a no sé qué a la casa de una gente que son como aves de mal agüero, y mejor que este dia sea corriente. No creo que nada saliera mal, pero más vale prevenir.
Mientras tanto, tomaré mis medicinas y me dedicaré a aliviar los músculos adoloridos de casi todo mi cuerpo, que han soportado una tensión capaz de levantar un vagón si la concentramos en un tubo. Ah, y me he vuelto una experta en temas de sedantes y anestesias. El Hospital México -salió hoy en el diario (por todo lado me han salido temas de esos sin buscarlos en estos días)- tiene una grave emergencia por falta de profesionales en este campo. En la de menos pido una entrevista.
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martes 12 de agosto de 2008
ENCUESTA SIMPLITA
La verdad, yo prefiero la ropa sexy al principio del romanceo y al ratito...la piel.
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lunes 11 de agosto de 2008
REVUELTO
Luego de numerosas investigaciones varios antropólogos o no sé qué cosa descubrieron que a muchos hombres y mujeres les gusta el pelo revuelto porque lo consideran sexy. Con hablarlo con los amigos en una mesa de tragos les bastaba.
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jueves 7 de agosto de 2008
ENCRUCIJADA
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miércoles 6 de agosto de 2008
ANUNCIO PERSONAL
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martes 5 de agosto de 2008
RESPIRAR O DORMIR
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domingo 3 de agosto de 2008
NO SE LO DIGAS A NADIE II
- Quiero que me incineren cuando muera y lancen mis cenizas al mar, al que adoro.
- La primera vez que me desnudé frente a un hombre (bueno, él fue quien lo hizo por mí, je) me moría de pavor, además, era pleno día.
- Tengo una empatía bastante desarrollada, por lo que el sufrimiento ajeno me afecta mucho.
- Quisiera algún día hacer algo atrevido como lanzarme en paracaídas o desde un puente con una cuerda.
- Otro que me gustaría para el papel de Daniel es Saúl Lisazo.
- Soy extremista y me cuesta mucho mantener un término medio aunque sepa que es lo apropiado.
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viernes 1 de agosto de 2008
HOY NECESITO MIRAR HACIA ORION

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