P.D.: Estuve buscando información en la red, y....ahora estoy más confundida.
ACTUALIZACIÓN: Me vino anoche. Parece que el SPM esta vez fue fuerte. Espero que en unos días la ropa me quede mejor.
Mirar al cielo significa expandir tu perspectiva, liberarte de fronteras terrestres. Cuando mirás al universo tu espíritu se aliviana.
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Comencé a pedir trabajo cuando era aún "teen", a los 16 o algo así, para una de esas temporadas navideñas. Esa fue la entrevista que más disfruté porque el señor que me interrogó era un rubio que estaba para comérselo (hombre, ¿no nacería ahí mi gusto por los "viejos"?) y yo me dediqué a mirar esos ojos y esa sonrisa y, de vez en cuando, también a contestar sus preguntas.
Más tarde fui a otra, larga, aburrida y estéril donde contesté hartas tonterías, me preguntaron la edad unas cinco veces (¡qué obsesión tienen todos con la edad, dios mío, qué enfermizo!), y yo respondí cinco veces 18, 18, 18, 18 y 18. Una de las más cortas fue con la que obtuve mi primer "trabajo de oficina", unos meses después. Un medio tiempo que hasta llegué a disfrutar. Y bueno, luego seguí desempeñando ofitrabajos que alternaba con los estudios de teatro o periodismo. Y debía ajustarlos al horario de la U porque no podía dedicarme sólo a "laburar". Ahí comenzó un historial laboral que, de ser yo japonesa, habría motivado mi harakiri hace mucho tiempo.
Hasta me vi tentada, una vez, a trabajar de bartender en un lugar de lujo pero del que se murmuraban cosas, con tal de huir de el "laburo" de cuatro paredes. Pero un profesor que me quería mucho se encargó de que su alumna favorita no hiciera semejante cosa, a pesar de que yo le aseguré que jamás haría algo faltándome al respeto, que había "gorilas" que cuidaban a las bartenders y, que, por linda y cortita que fuera la faldita del uniforme yo sabría darme a respetar y que el que es decente, es decente en todas partes. Nada de esto lo convenció y con un discurso de padre ("vos sos joven y engañable, recordá que más sabe el diablo por viejo que por diablo") me dejó bien claro que me prohibía hacer esa locura.
Volví, entonces, a lidiar con el ambiente ejecutivo: ropa fea (o sea, tipo sastre), trabajo aburridísimo, gente igual de aburrida, ganas de morirme. Llegué a Multivex, una diz que compañía que buscaba secretarias para otras compañías. Luego de mirarme de reojo, la mujer que me entrevistó llamó al "empleador" y le dijo: "Sí, tiene buena presentación". Como si una no supiera que es el hipócrita eufemismo para "sí, está buena", y como si para un trabajo de oficina se necesitara estar "buena". Porque si en un ofitrabajo esto es necesario, entonces no le veo diferencia con ser bartender en un sitio de lujo. Y allá al menos hay gorilas que te cuidan.
Total, que creo que sería más fácil encontrar el Santo Grial que sentirse a gusto en estos intercambios de nada que preceden a las contrataciones. La última que tuve fue una de las más pintorescas: me habían comprometido, casi forzado, a aceptar un puesto de asistente (otro eufemismo) en una multinacional y yo, puesta al borbe del precipicio, tuve que fingir interés. Llegué al lugar una tarde calurosísima de enero y me atendió una gorda gordísima que se esmeraba en sonreír y (¡cómo no!) me preguntó la edad de primera entrada, al igual que a otros dos sufrientes que entraron conmigo. Llené el formulario y me llamaron al rato. Pasé y tomé aire.
Gorda: Siéntese Laura. Buenas tardes.
Yo: Buenas tardes.
Gorda: Ajá, ya llenaste todo, a ver...¿Dónde vivís y con quién?
Yo: (Ay, gordita, qué les importa, ¿cuál puto sicométodo están usando ahora, zopencos?) En Escazú, en un depa...
Gorda: ¿Sola?
Yo: (Sola estás vos, sin duda, y seguirás estándolo, ¿o me equivoco?) Bueno, hasta hace poquito convivía con una persona, pero ahora él tuvo que viajar al extranjero y vivo en un depa junto a la casa de mis padres, yo se los alquilo.
(Gorda afirma con la cabeza)
Gorda: ¿Y por qué pensás que deberíamos contratarte?
Yo: (¡Ay no, esta gente no cambia nunca, qué patéticos! ¡Creo que deberían contratarme para que tengan algo de diversión en sus vidas, que recuerden cómo era cuando ustedes soñaban!!) Mmmm...puess...
Ahi le inventé cualquier cosa, y seguí haciéndolo en cada respuesta, fabricando a placer historias, que total me importaba un rábano lo que Gorda pensara y sabía que el señor-futuro-jefe, quien me había recomendado, haría que me emplearan sin importar lo que yo respondiera. Y me contrataron. Y la historia de eso la contaré luego, pero a mí lo que me impresionó, o más bien me enardeció, fueron sus métodos tanto para contratar como para vigilarte en el sitio de trabajo. Las multinacionales nunca han sido santo de mi devoción, y menos esa, pero creo que ya se pasan de verdad instalando micrófonos y cámaras hasta en el baño, amén del número de babosos que te espían todo el tiempo. El Opus un poroto.
Un día, Diana, una compañera, habló de pelis durante el almuerzo. "Laura sabe mucho de eso", le dijo Linda, "puede recomendarte muchas para ver". Yo le recomendé "El Método Gronhölm", así muy por casualidad. Y es que para escribirla se basaron en los horrores que leyeron casualmente en unas papeleras de la ofi de Recursos...Humanos, digamos, donde a las aspirantes a un puesto de cajera se les trataba de forma humillante, discriminatoria y nada, nada humana. En El Método... se somete a un grupo de postulantes a un trabajo ejecutivo al ridículo, a la humillación y a tensiones que no tienen nada que ver con contratación, por más que un pánfilo que se cree conocer la mente de todos los mortales asegure que así se sabe quién enfrentará "los retos" y no tendrá miramientos a la hora de lograr lo que se ha propuesto. Léase "pasará por encima de quien sea".
Yo me fui de la KKC. Feliz de irme, feliz de no ser como ellos. Feliz de no lidiar más con sus "retos" y espionaje. Y propuesta a ser siempre la piedrita en el zapato para ellos. Puyando, haciendo preguntas a lo Lisa Simpson. Dejando la duda en otros. Que el creador del Método Gronhölm de escogencia de personal sepa que no está descubriendo la pólvora y muchos sabemos cómo está jugando. Que sólo le da ventaja que sean más, sólo eso. Que el día que la gente POR FIN entienda que las leyes están para hacer uso de ellas y podés denunciar ciertas cosillas sin perder el trabajo el mundo habrá hecho un avance espectacular. Que, más que el interés por seleccionar lo mejor, quien actúa a "lo Gronhölm" tiene más que nada un morbo gigantesco, una necesidad enorme de sentir que controla a otros, que puede agredirlos impunemente, de sentirse dios por un ratito. O, también, de que otro pase lo que ellos pasaron y pasan todos los días de eso que estos zombies llaman vida.
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