miércoles 30 de abril de 2008

ECCLESIA MEAM (Tercera parte y final)



Un sábado en la noche me recibió Adamari, la encargada de la residencia. Ciertamente, fue muy amable y me hizo pasar a la sala, donde una señora les hablaba a todas las chicas de Japón y su gente. En eso iba a consistir mi noche de sábado. Pero bueno, pensé, si al menos el tema es agradable...

El tema era aburrido y absurdo. No sé cómo será Japón en realidad, pero doña Irma nos dijo, así como quien habla del paraíso terrenal, que allá, cuando imprimís una tarjeta de presentación, ponés primero el nombre de la empresa. ¿Qué empresa? Pues la única en la que vas a trabajar en tu vida, porque, a no ser casos excepcionales, cambiar de empresa se considera el peor de los fracasos. (Ni siquiera imagino qué pensarían los japos de mí). Y ella está antes que todo, por lo que, si te llamás Juan Pérez en versión japonesa, cuando te presentás a otro no decís: "Juan Pérez, un placer", sino que decís: "Matsushita Electric, un placer". Eso, de primero. Luego, la señora Corrales se maravilló contando que, por ahí de los 26 años, a la gente se le empieza a buscar pareja. O sea, los padres, si no lo arreglaron antes, empiezan a hablar con amigos para ver dónde consiguen una pareja adecuada para su hijo (a), la que será también la única que tendrán en la vida (qué poco divertidos estos japos). Luego, la esposa tiene dos opciones: o tiene hijos y se dedica las 24 horas del día a hacer de ellos los mejores profesionales o no los tiene y se dedica las 24 horas del día a servir a la empresa con cuyo nombre se presentará. Yo agregaría una tercera: la muy saludable opción de lanzarse de uno de esos modernos puentes que abundan allá.

Total, que al terminar la charlita nos sirveron la cena, previa oración de acción de gracias. Yo no sé si el ateísmo se me nota en la cara o si lo que vieron fue un moín medio de fuchi que hice con la nariz sin poder reprimirlo, pero las chicas no fueron amables conmigo luego de que se me escapara ese gesto al oler la sopa y mirar la servilleta que, casi, casi, yo diría que otra persona había usado antes. A duras penas terminé la cena, y, como casualmente era mi primer día de menstruar y tenía fuertes dolores de estoómago y de cabeza, las encargadas (no me da la gana llamarlas numerarias, que no, que no) me permitieron irme a dormir. Dormir es un decir, porque mis dos compañeras de cuarto, luego de mirarme de reojo, me ignoraron y hablaron "a los gritos" durante toda la noche. De nada me sirvió explicarles y rogarles e implorarles.

El domingo me sentía deprimida, muy cansada y muy sucia. Sobre todo muy sucia. La cama, un catre como los de los reformatorios, estaba húmeda como si la hubieran mojado a propósito y despedía un olor extraño. Le jalé apenas las sábanas y me fui a bañar. Ahí me di cuenta de que este asunto estaba apenas comenzando. El baño, un recinto sin ventanas, tenía como único adorno quichicientos ganchos de los que colgaban bombachas, sostenes y medias diz que ya lavados. Me abrí camino entre todos ellos y esperé mi turno para la ducha. El cura Castillo tenía razón: sólo te dan 5 minutos para bañarte y yo, menstruando y todo, no podía salir en tan poco tiempo. Sin embargo, las costras y hongos que llenaban las paredes de la ducha fueron bastante motivación para apurarme y decidir, de una vez, que yo ahí no me bañaba más.

El desayuno y el olor de la cocina fueron también suficientes para decidir no comer más ahí. Había hecho arreglos en un parqueo cercano para dejar allá el auto, por lo que seguiría bañándome y comiendo en mi casa, por complicado que fuera. De todas formas, había perdido el apetito y me costaba mucho tragar cualquier cosa. Esa tarde me fui ya no recuerdo a dónde. En la noche, mi amiga Bea llegó a la residencia para que fuéramos a comer algo con otros amigos.

Me la encontré hablando animadamente con Adamari, quien me recordó que debía llegar a las 9 (sí, leyeron bien) porque, de lo contrario, la puerta se me cerraría hasta el día siguiente.

- Por cierto, Adamari, María y su novio se estaban mojando en la entrada, pero no quisieron pasar...

-Claro, Laura, sólo falta que querás que acá entren hombres.

- Lo dice como si fuera algo malo, allá hay una salita y pueden conver....

- ¡Esta es una residencia de señoritas, Laura! ¡Los hombres no pueden acercarse aquí!- dijo poniendo los mismos ojos de loca y a la defensiva que pone mi mamá cuando he querido contarle las cosas horribles que me hizo mi hermanastra.

No insistí. Total, María que velara por lo suyo. Yo ya tenía bastantes problemas. El ratito en el bar se me hizo microscópico, y, casi llorando, me despedí de mis amigos y volví a la residencia. Otra noche entre sábanas podridas. Al día siguiente, me vestí de prisa y salí para el parqueo.

-¿Dónde se supone que vas? - me preguntó otra encargada, la más "celadora" de todas.

- A clase.

-¿Sin desayunar?

-Si, no me va a dar tiempo todos estos días. Ni de almorzar. Creo que mejor no me apunta para comer.

-Pudiste haberme avisado, ya te tenía contada. La verdad, me suena raro eso de que no comás acá. Además, tu papá ya había pagado por eso.

-Pues sí, pero yo le explicaré. Hasta la noche.

-¿Noche?

Cerré la puerta sin contestar. Conduje desaforada hasta la casa, donde me gasté (en serio) un jabón completo desinfectándome, me puse ropa limpia y me fui a clase. Luego, en la tarde, volví a casa. Sentí la muerte al cuadrado cuando se hicieron las ocho y tuve que volver allá, al olor a podrido, a la cama sucia, a las extranjeras "come eses" al hablar que me miraban de reojo.

Fue uno de los períodos más extraños y claustrofóbicos de mi vida. Me alimenté casi exclusivamente de galletas y café porque era lo único que lograba tragar. Ese olor espantoso no salía de mi nariz. No teníamos derecho a oír radio, ni leer revistas. La televisión estaba en una especie de armario y cerrada con candado, sólo la usaban para ver videos del Papa. Las llamadas telefónicas eran vigiladas por una encargada. Era como haber caído en una secta. Te sentías vigilada hasta cuando ibas al baño. Sin embargo, puedo decir que libros como El Código Da Vinci mienten bastante. Nadie usa hábitos acá, no hay monjes ni nadie se flagela la carne hasta salpicar de sangre las paredes. Que yo sepa, asesinatos no han cometido. (Se cagan en la vida de la gente, pero no se las quitan, solo se las dejan toda estropeada). No vi esa peli pero sí sé que hablan de esto.

El día que por fin me fui, un domingo, tomé las pocas cosas que aún tenía ahí, me despedí de Gabi, la única costarricense residente y la única que había sido amable conmigo (le dejé de regalo una Cosmopolitan que había logrado meter de contrabando), alcé mi mochila y corrí hacia la puerta.

-¿A dónde se supone que vas?- (¡ay, no, ahí estaba de nuevo la peor de las encargadas!)

-Ya me voy, Marta...em...gracias por todo. Despídame de Adamari.

-Espero que al menos nos visités algún día.

-Claro, hasta lue..

-Y POR LO MENOS, niña, pase a la capilla a visitar al Santísimo...usted no lo hace nunca. Como dice el Señor: "Luego no te quejes".

- No, Marta, ya no me quejo. ¿Dónde diablos está la capilla?

Pasé y me quedé un rato, sin saber cómo se hace "una visita al Santísimo". Luego, en el colmo de la alegría y el susto a la vez, y en una escena igualita al final de "Expreso de Medianoche", caminé rápido hacia la puerta y giré la perilla. El día me pareció más luminoso y más limpio que nunca. Cerré y seguí caminando, cada vez más rápido, cada vez más feliz. Terminé casi corriendo, sin mirar nunca para atrás. No me fui en seguida al parqueo. Caminé disfrutando la mañana, el aire limpio, el barrio, la libertad. Ubicándome de nuevo en una realidad que, si bien nunca ha sido muy gentil conmigo, al menos puedo abrirle un lugar para mis revistas, la gente que quiero, mis sueños, mi música...

¡Ah!, y esta vez sí le conté TODO a mis papis.

domingo 27 de abril de 2008

ECCLESIA MEAM (Segunda parte)





- Bueno, niña, da igual en dónde sea. Yo quiero saber si lo hacés.

El instinto de conservación me indicó que le dijera que no.

- Y...¿nunca sentís nada si te ves desnuda frente a un espejo? - insistió.

Nuevamente el instinto de conservación me indicó decir no.

- ¿Has tenido relaciones con algún "chavalo"?

- No.

-Hummm-dijo mientras examinaba el dibujo como si ahí estuviera mi biografía no autorizada-Y, ¿nunca te ha pasado nada con algún animalillo?

-¿QUÉ?

-A veces pasa...

-¿Cómo se le ocurre pensar algo así, padre? Por Dios, es que me enfermo de sólo pensarlo. ¿Por quién me toma?

-Ay, pero si son cosas que pasan...

Si hay seres a quienes yo he adorado y defendido toda mi vida esos son los animales, y la aberración que este hombrecillo estaba escupiendo fue el acabóse. La pregunta, una de las más degeneradas y ofensivas que pueden hacérsele a cualquiera, me terminó de debilitar. Humillada y confundida, aguanté hasta que llegó la puta "absolución", donde Dios, por medio de un degenerado, se dignaba darme otra oportunidad y perdonar esas acciones que me acercaban al infierno.

Salí de ahí para nunca más volver. Y nunca, el poco tiempo que fui creyente luego de eso, pude volver a pisar un confesionario. Por un tiempo batallé con la visión del ser amorfo mandándome al infierno, pero por suerte un día sucedió: maté al Coco. Un agresor menos en mi vida, el ateísmo me libró de un impune más que soportar. Menos mal.

Recuerdo que eso, entre otras cosas, fue lo que me motivó a escribir "Los Quintos del Arco Iris", donde, sin embargo, hay un sacerdote amigo de Romi que es bueno, respetuoso y justo. A fin de cuentas la historia señala, más que nada, a la sociedad. Esa masa amorfa, así como Dios, que se esconde también en las sombras, en el anonimato, y se hace de la vista gorda ante los horrores que pasan todos los días. Eso no me hizo odiar a los curas, me hizo odiar al padre Castillo. Sé que todos en la vida tenemos algo que perseguir, creencias personales, metas. Y respeto las de todos, incluidos los sacerdotes. Sé que, en su gremio, hay gente buena y gente mala. Y sé que muchos han sufrido injusticias por culpa de las aberraciones de otros. Decir que la Iglesia es lo más malo que existe, como dicen algunos, sería como rasgarse las vestiduras por el racismo en Suráfrica pero gozar como loco viendo "Betty la fea", donde una mujer buena, trabajadora e inteligente es sometida a un trato infrahumano que casi acaba con su vida simplemente porque su apariencia no es del agrado de un grupo de idiotas. Con esto quiero decir que concentrarse en señalar los horrores de la Iglesia hace a la gente ignorar muchos horrores parecidos en muchos otros campos. Y "la sociedad" no está sabiendo cómo actuar. (¿Cuándo ha sabido?).

II.

Años después de este hecho, Costa Rica se había convertido en uno de los países más sísmicos del mundo. Sus microsismos habían llegado en el pasado a 200 por día. En esos días mis papás viajarían al extranjero y yo no quería quedarme sola en una casa sin tapias, ubicada en un barrio despoblado y lejanísimo y donde, además, la luz se iba con frecuencia.

Me daba vergüenza pedirle a alguna amiga hospedaje por 10 días. Así que mi papá tuvo la idea de que me quedara por ese tiempo en una residencia del Opus Dei. Jamás había yo tenido cercanía con esa gente, pero él sí, y me aseguraba que eran muy amables. Como no había otra alternativa a la vista, acepté.

(Continuará en la 3° parte y final)

viernes 25 de abril de 2008

ECCLESIA MEAM




(O "Iglesia mía", por si no entendieron o hay por ahí alguno que entendió otra cosa...)


I.

A los quince ya me había confirmado. Y no entendía por qué tanto sacramento. De hecho, no entendía los sacramentos. No los entendí nunca. Todos hablaban de compromiso y cumplimiento. "¿Para eso no están los contratos?", pensaba yo. Pero como mi familia siempre decía que luego no me quejara si me iban mal las cosas (cosas que en el 80% de los casos ellos eran quienes las hacían ir mal) pues quería quedarle bien a esa masa amorfa y flotante sobre el mar que yo pensaba que era Dios.

De todos esos contratos, el que me daba más terror que una cita del dentista era la confesión. Ya he contado que hablar por obligación o compromiso de mis intimidades me afecta sobremanera. Y, por otro lado, me torturaba pensar que, si no contaba todas mis "pillerías", la masa amorfa, tan sonriente en las imágenes pero en la realidad más cabrón que el mismo Hitler, lo tomaría de pretexto para darme un castigo desmesurado y humillante, como corresponde a alguien capaz de mandar a matar a su hijo, hacer vagar esclavos 40 años por el desierto o redactar el Antiguo Testamento.

Un primer día de clases mi mamá me pidió acompañarla a un nosequé en la noche. Como no tenía tarea todavía le dije que sí. El padre Castillo, un nica que se veía como costarricense o un costarricense que hablaba como nica (vaya uno a saber), nos ofreció la confesión. Yo, tomada de sorpresa, le dije que no, pero al ver esa expresión de "...allá vos" y tener la visión del amorfo enorme levantándome el puño, le ofrecí "volver mañana".

La iglesia era la capilla del Colegio Don Bosco, y parecía que el padre Castillo tenía gran experiencia en tratar con adolescentes. Yo no sabía aún qué cosa iba a confesarle, la verdad es que soy una chica dulce, sensible, compasiva, encantadora y modesta; por lo que eso de andar hablando mal de mí misma se lo dejo a uno que otro familiar sicópata, de cuya lista negra no se escapa casi nadie.

Entré a una pequeña oficina y me senté. Empecé a hablar a la carrera, nombrando algo de no ir a misa o de pensar en Alvaro mientras oía el sermón, cuando el señor anteojudito se puso de pie, sacó un lápiz y un papel, me dijo que me callara y que le dibujara una persona con figuras geométricas.

Le enseñé al rato mi dibujito con patas de triángulo, que más parecía un robot que un ser humano.
- ¡Aaah, ya veo! ¡Sí, ya lo veo acá!
- ????
- Eres...muy sensual. Siísí.
Eso de oír "sensual" en boca de un señor con sotana me hizo abrir los ojos y la boca.
-¿Cómo?
- Sí, eso se ve en lo que dibujaste. No me extraña que también te masturbés, sobre todo porque tienes un cuerpo hermoso y, a veces, cuando las chicas se ven desnudas en el espejo... - me dijo mirándome de arriba a abajo y mezclando el "vos" con el "tú".
Sentí terror, vergüenza, y lo peor de todo: culpa. La culpa es un germen a eliminar en el mundo, creo yo, y el haber tenido la debilidad de sentirla me hizo bajar la cabeza y arrebujarme en la silla. (Cielos, creo que a fin de cuentas sí he crecido algo, ahora me importaría medio rábano lo que pensara y lo único que haría sería darle un sopapo).
- Pero padre, no sé por qué dice eso - le dije poniendo mi mejor cara de pelotuda y esperando que lo convenciera de dejar el asunto zanjado. Pero la constancia es una de las virtudes del cristiano, así que eso no funcionó.
-Mirá, a veces hay tentaciones diarias...¿vos cuánto tardás bañándote?
-Pues...bastante. Usted sabe: la mascarilla, el manicure, el masaje con crema de algas...
-¡Claro! Tanto tocarse, tanto palparse, pues no puede terminar en otra cosa más que en masturbación. Por eso en el seminario sólo nos daban cinco minutos para bañarnos. Mucho tiempo en eso no es bueno.
-No, padre, usted no entiende. Mire, yo hace dos años que dejé la niñez, ¿sabe? Y tengo muchas ganas de que los chicos me vean linda, bueno, a veces me medio obsesiono, pero sí le aseguro que yo, en el baño, no me masturbo. Ay, ¡ese lugar tan frío, húmedo y poco inspirador!...Además, en mi casa sólo hay un baño y medio, por lo que todos estarían tocándome la puerta y a mí las cosas me gusta hacerlas con calma.
-¿Qué cosas?
- Pues....todas. Yo dedico tiempo a todas mis actividades, padre. Y ni piense que ponerse crema de algas en el trasero es algo pecaminoso porque aún de penitencia se queda corto: esa cosa fría, babosa y espesa que hay que ir distribuyendo con los nudillos...si no fuera porque hay que prevenir la celulitis...
-A ver...entonces lo que me estás diciendo es que vos no te masturbás.
- Lo que usted me preguntó era si me masturbaba en el baño.
(Continuará)

martes 22 de abril de 2008

TENIA QUE MOSTRARSELAS


Mi mamá le envió a Nina Casciari, como regalo de cumpleaños, este vestido típico de Costa Rica. Tuvo la suerte de que le llegó justo la fecha. Y de costarricense anduvo vestida todo ese día, según dice su papi. Aún está fresca la tinta del post anterior, pero tenía que mostrarles esta niña bella que me la como. Yo les envié unos chocolates, pero de ellos Hernán no me nombró...nada.


PD: Bueno, ya que viste a la adorable Nina, ¡Leé el post de abajo, ¿nooo?!

sábado 19 de abril de 2008

LA EDAD DEL MONSTRUO


Cuando el resto del planeta anda hablando de la crisis de esta o aquella etapa, que si fulanito pasa por una edad díficil (Dios, ¿cuál no lo es?), que si la secundaria bla bla blá, que si en esta edad no sentís esto o aquello ya no juego con vos y la madre en coche, yo recordé de pronto una época que, quizá por ser difícil exclusivamente para las niñas, tiende a pasar de soslayo entre tanto señor preocupado por su calvicie y tanta colegiala que jura que su cuerpo se está desarrollando ahora, cuando en realidad hace siglos que tiene esas redondeces algo adipositas y esa cara de crecidota.

A los once años (si no a los diez y medio) tu vida da un vuelco duro, sobre todo si amás tu niñez y aún no planeás dejarla. Para las chiquitas que, como yo, se desarrollan pronto, es un camino difícil y lleno de nostalgia. Los adultos, incluidos tus padres, no ayudan nada. Se dejan decir comentarios imbéciles sobre tu crecimiento, te hacen pronósticos ofensivos y hasta morbosos, o se lamentan de que ya no seas tan niña, como si acabaras de cometer un crimen.

Yo le llamo la edad del pollo, porque te transformás en una copia humana de los pollitos que ya no lo son tanto y sus plumas se erizan, su pescuezo se alarga y quedan ahi a medio camino, a media metamorfosis y soberanos de la desproporción. También te sentís una especie de monstruo (de ahí el título) que hace abrir la boca a las señoras idiotas cuando te ven luego de unos tres años de no hacerlo. (¡Nooooo!!! ¡Pero si está tan grande!¡Ay, qué lástima, Ana, ya te quedaste sin niños chiquitos!) (¿Qué hacen en la UNICEF todo el día? ¿Rascarse el higo?)

Yo inicié mi camino con un granito en la mejilla y la sensación de que mi champú de siempre ya no me servía. Siguió luego el ser más alta que muchas de mi edad y más pechugona (ni se diga del "cabús"). Y la culminación fue un súbito aumento de peso (el estrógeno que liberás a esa edad es tanto, pero tanto, que muchas niñas corren el riesgo de engordar por este motivo). Así estuve un año y medio, más o menos. Batallando entre sátiros degenerados en la calle y pronósticos absurdos sobre mi humanidad. Aún recuerdo que el actual presidente del Poder Judicial, un mastodonte llamado Luis Paulino Mora, me miró de reojo al oír mi edad y me dijo cual profeta Isaías: "Mirá, te dolerá lo que te voy a decir, pero vos vas a ser como yo: grandota y hermosota. (¿Quién inventó esa última diz que palabra, por dios?). A mí me pasaba lo mismo (¿y yo qué culpa tenía y a mí qué me importa??) y ya me ves, así me quedé.

Pues yo no me quedé así. Hoy rondo el 1, 70 pero no llego. (Y me gustaría). Tengo los huesos más bien pequeños, jamás seré un mastodonte y me parezco más al dios Vishnu que al viejo bodoque este. Pero, en su momento, lloré como Magdalena y me sentí como en la foto de arriba (donde tengo unos 11 años): una niña con cuerpo de monstruo. ¿Qué buscan los viejos hablando así? ¿Sentirse ellos mejor?

Por cierto, su pobre hija sí es igualita a él. Pobre María José.

miércoles 16 de abril de 2008

SOLO EN LA RED


La internet podrá fallar en otros campos, pero siempre habrá una frase, noticia o titular descolocado que nos haga reír.



1) MUERE LA PERRA DE PAULINA RUBIO: "Murió de vieja esa perra", dijo el representante de la cantante, quien afirmó que la muerte de "Miranda" , la mascota de Paulina, ya tenía mucha edad. (¡JAJAJAJA!).

2) Gente extraterrestre que busca gente extraterrestre ...y quieren citarse: siéntese en un parque tal el día que le indiquen y verá a su alrededor a muchos otros como usted...o sea, gente que también cayó como un nabo con esta babosada.

3) Pregunta una diz que chica en yahoo: A mi marido se le queda duro y pretende que me lo coma....(y más abajo aclara) ...y yo odio el arroz duro. (Ay, dios).

4) Leído en un foro,y escrito por un enardecido participante: Por qué la gente aquí es tan inorante?

5) Mensaje "de amor" para un cantante en You Tube: "Yo siempre he adorado a..........., es el hombre más maravilloso que existe, y el mejor cantante, a mí no me importa que hayan pasado tantísimos años ni que los demás digan que estás viejo, viejo, para mí seguís siendo guapo...." (Menos mal que lo quiere mucho, ¿no?)

6) Había un gordito poco agraciado que, imitando el anuncio, vendía un beso en De remate instando a las chicas a "aprovechar" : sabrá dios qué respuestas tuvo, porque hubo que bloquear el sitio. (Y no precisamente por exceso de piropos).

7) Y luego vienen los Emos, los metaleros, los que odian a los Emos y a los metaleros, los darketos, los vamps y demás hombres de negro que se pelean entre ellos y se llaman de todo menos lindos.

8) ....Y dibujos como el de arriba.

Contame, ¿qué es lo más raro que has visto en la red?

viernes 11 de abril de 2008

MATEL Y EL SETIMO ARTE


Ya sabemos que "suéter es lo que mi mamá me pone cuando ella tiene frío". Y la mía ha sido fiel seguidora de esa frase, por lo que, todas las navidades, cumpleaños y demás fiestas de guardar, me obsequiaba muñecas "con forma de bebé", de esas que echan babitas y hay que cambiarles el pañal. Las Barbies, en cambio, estaban prohibidas. A mí lo segundo me tenía sin cuidado: el mundo adulto, ya sea de carne o de plástico, no me llamó nunca la atención, por lo que, fuera de alguna situación digna de "Lilo y Steech", eso no significó gran inconveniente en mi vida.

Las muñecas me gustaban, pero las que ya eran "niñas". Esas que aparentaban unos cinco años y tenían el pelo largo y muchos vestidos para intercambiar. Claro que tuve de esas (muñecas fue el juguete que más tuve) pero mi mamá insistía en endosarme los bebés toma chupón con calzones de encaje que, incluso por ser yo la hija menor y no haberla visto nunca hacerlo, no me motivaban a estarles cambiando la "mantilla" cada vez que tomaba su "leche".

......

Cuando tenía tres años compuse una canción de dos estrofas y me fui a cantarla a la televisión. (Aún recuerdo totalmente la primera estrofa). Me peiné como lo hacía en las "grandes ocasiones", o sea, como en la foto, con una prensita al lado de la cabeza. Me puse mi vestido rosa y, sólo por ese día, no usé los zapatos ortopédicos. Con ese look televisivo me presenté a un programa infantil del que ya no recuerdo el nombre, y, cuando el señor me dio la seña, yo, cual concursante de la OTI, canté efusivamente mi creación musical. De premio me dieron una muñeca chiquitita, con un pelo laaargo, mucho más que el diminuto cuerpo. El animador, un hombre que hacía lo que podía para que su trabajo resultara atractivo, me la entregó con una frase cariñosa: "Le doy esta muñeca a otra muñeca". Una frase que, seguramente, le decía a casi todas la niñas que iban a su programa, pero no por eso dejaba de ser un detalle amable. Luego me entregaron, también, dos enormes cajas de jabón en polvo (??), de una marca, que, de fijo, patrocinaba el programa.

En el auto, de vuelta a casa, mi papá iba rumiando mal humor (o sea, en su estado normal), mi mamá abrazaba emocionada las dos cajotas de detergente (ella ama todo lo que sea limpiar) y yo, mirando mi mini-muñeca, me preguntaba dos cosas: si el añadir baile a mi numerito me hubiera deparado un mejor premio y por qué mis muñecas siempre eran más rubias que yo. (Hombre, no porque no tengás Barbies te escapás del síndrome me-comparo-siempre-con-mis-muñecas). Al llegar a casa la puse entre sus iguales y continué con mi infantil vida.

Con el tiempo, Matel llegó a significar algo más. (Ah, sí, le puse Matel, así como suena, porque el animador, al entregármela, dijo: "Y acá viene tu muñeca, es Mattel", para promocionar la marca, y yo, poco fogueada en transnacionales a esa edad, asumí que ese era su nombre). Cada vez que la veía, recordaba ese primer intento, ese primer pequeño sueño de "salir en tele", y - aunque entonces no tenía capacidad de entenderlo - esa primera noción de que el camino es duro si no querés conformarte con una frase cliché y un premiecito miniatura.

Al tiempo le fabriqué vestiditos y disfrutaba haciéndole peinados. La intregré al "clan" y jugaba siempre con ella. (Le ayudó no parecer bebé, eso sí). Hasta hace tres días, la daba por perdida en alguna mudanza o arranque limpístico de mi mamá. Sin embargo, mientras buscaba otra cosa en el closet, se asomó de pronto su pelo rubio larguísmo, seguido de su figurita que, no obstante el tiempo transcurrido, se conserva en buen estado. La coloqué, como un talismán, frente a mi cama. La miraré todo este tiempo de plan y espera. Le prometí que algún día la llevaría en el bolso, ya fuera en una primera función o festival o premio o lo que fuera que tengo que obtener a como dé lugar. Y ella verá que no me conformé con un juguetito y mucho jabón en polvo.

martes 8 de abril de 2008

¿ME PAREZCO A ESTA NIÑA?


Salió un aviso donde requieren una actriz para hacer esta niña de grande. ¿Se parece algo a la de la derecha? En fin, la cosa es en otro país y se necesita una actriz mayor que yo...sólo quería saber, aunque viéndolo bien creo que no nos parecemos mucho.

miércoles 2 de abril de 2008

DE ESTA AGUA NO BEBERÉ


Hay cosas que, sabemos, sería muy, pero muy difícil que accediéramos a hacer. Y no me refiero solamente a asuntos que sean delitos o algo serio. Simples cosas que no van con nosotros y ya. Que no, que no y que no. Las mías son estas:


1) Maltratar un animal.

2) Teñirme el pelo de rojo.

3) Vivir más hacia el oeste de lo que ya vivo. (¡Ni un centímetro!!).

4) Darle a otra el papel de Romina Gaetani o Jimena Savater.

5) Reírme de chistes que pisoteen la dignidad de alguien, incluyendo a los difuntos.

6) Hacerlo estando yo arriba. (No sé por qué, detesto esa posición, me gustan las que acercan la cara).

7) Probar drogas.

8) Cortarme (bien cortos) el pelo o las uñas.

9) Casarme, convivir o tener sexo con alguien a quien no quiero o ni siquiera me gusta, por cualquier otro motivo.

10) Decir que alguien que me parece feo es lindo sólo porque "la masa" me obliga.

11) Usar lentes de contacto de colores.

12) Dejar de admirar a Maradona. (Esto con el exclusivo propósito de joder a..... jajajaja)

13) Dejar de ser medio esotérica, medio hippie, medio chica del espacio, qué sé yo...eso que yo sé que soy.

14) No soñar más.

15) Si llego a la vejez (cosa que dudo) irme a vivir a una finca en no sé dónde lejísimos. Yo, si llego a los quichicientos, vivo en una casa cerquita de todo.

16) Volver con mi ex Andrés.

17) No poner en su lugar a quien lo merece, ya sea el baboso con propaganda del banco, el empleado de la tienda, la vecina fisgona o el mismo presidente, si se atreve a citarme a las 3 y se demora una hora en llegar.