domingo 30 de septiembre de 2007

CABALLON Y EL CAMINANTE DE BOISACA


En Santiago de Compostela, allá por el año 1988, un joven de unos 19 años hacía piruetas sobre la línea del tren. Al irse este acercándosele no se inmutó lo mínimo. Inclusive, antes de que la máquina lo partiera en dos mitades se volvió sonriente a mirarla.

La policía nunca pudo identificar al difunto, quien vestía ropa de marca muy grande para su tamaño y tenía varias características anormales, como oídos sin recovecos, como comales, y colmillos afilados. Alrededor de esta historia se han tejido toda clase de leyendas, que incluyen, por supuesto, orígenes extraterrestres y viajes en el tiempo.

Yo, aunque soy soñadora compulsiva, le apuesto a lo terrestre y lineal. Creo que el pobre hombre, debido a su condición, fue escondido por alguien en alguna casa cercana y, al morir su cuidador o cansarse de él, fue abandonado en un lugar donde corriera peligro de muerte. Un Gaspard Hauser español, pues.

Caballón fue un reo costarricense que murió ese mismo año, al ahorcarse en su celda de castigo, a los 37 años. Se llamaba, irónicamente, Minor, nombre que en inglés significa pequeño, algo que no concordaba con su metro noventa de estatura y una fortaleza que lo hacía capaz de alzar dos hombres con una sola mano. De ahí su sobrenombre.

Pasó casi toda su vida en prisión y murió sin poder realizar su sueño: votar en una elección. (En esa época los reos no podían hacerlo). Tuvo violencia en su infancia y a los 16 años lo llevaron a la Penitenciaría Central. Este sitio era el infierno en la Tierra para cualquiera, un lugar donde imperaba la ley del más fuerte y atravesarle los sesos a alguien con una varilla era un hecho cotidiano y hasta repetitivo.

Minor quiso soñar, aún en ese lugar. Se casó y tuvo un hijo. Jugaba futbol y quería pertenecer a algún equipo. En la noche, mientras se cuidaba de ladrones y violadores (él no era un hombre feo, lo que lo ponía en desventaja) planeaba la estrategia del partido del domingo. Un día que le gritó a otro jugador en la cancha de la cárcel fue castigado con aislamiento. A la mañana siguiente, cuando le llevaron la comida, lo encontraron colgando del techo.

Ambas historias me conmovieron: seres llenos de nada, ansiosos de todo. Vidas en prisiones distintas pero con la misma dosis de crudeza, de indiferencia, de segregación. Una vez, hace ya tiempo, escuché en la radio una canción bellísima, no sé de quién, que hablaba de un tipo que no había tenido el chance, pero le sobraba talento para ser mucho mejor que Pelé. Una sola vez la oí en la radio y, aunque la he buscado por todas partes, nadie me ha dado razón de su nombre o intérprete. Yo la volví el himno de Caballón. Ese hombre que nació para no ser, para no ver la luz. Para tener en lugar de vida un largo túnel de desesperanza.
A menudo pienso en sus historias, en sus vidas. Tan lejanas en distancia y tan cercanas en soledad. Tan violentamente acabadas.

¿Y saben qué? Sí, eso mismo: tengo a medio escribir dos guiones sobre ellos. Aquí no me adjudiqué ningún papel, por dos únicas veces no me interesa actuar un guión propio. Aunque sea en un ordenador o sobre un trozo de papel, esta vez tienen un sitio muy suyo.


PD: El edificio al fondo de la foto es el actual Museo de los Niños, antigua Penitenciaría Central.

miércoles 26 de septiembre de 2007

LA MUGRE EN EL CRISTAL


Hace poco me dijeron una sátira. Así, como las vecinas con rulos (tubos) que murmuran cuando pasa alguien que no quieren a su lado. No dijeron mi nombre, ni me hablaron directamente. Sólo interpretaron mal algo que dije y soltaron el veneno. Y fue en casa ajena. Y yo en casas ajenas no respondo sátiras. De hecho no respondo sátiras nunca. Sé bien que no son dignas de atención. Aunque sí, claro, una no es de palo y a veces pueden molestarte un poco. Después de todo, ese es el fin de quien las dice.

Como esta sí es mi casa, quise escribir algo al respecto. A ver qué me sale, porque haré algo así como escritura automática, o como sea que se llame. Sentí prejuicio en esa persona (quien por supuesto negaría todo lo que le diga), también percibí su amargura, aunque ella sea la primera en calificar a alguien de amargado (palabra ya de por sí muy temida en nuestra sociedad) o de hipocondríaco, aunque dedica mucho de su tiempo a hablar de un mal que tiene y por lo que parece que algunos de los habitantes del mundo ya no podemos lamentarnos de nada, que al lado de su pena, (u otras tragedias humanas igualmente incuestionables) todo es majadería.

No es la primera vez que esta persona lo hace. Y le he tenido paciencia porque no veo el sentido de responder estas cosas. He sido educada, pues. Pero esta persona debería dejar de tildar a otros de muchas cosas que quizá ella tiene en mayor proporción. Debería recordar (o conocer) la historia de la mujer que criticaba ferozmente a su vecina por las manchas de su ropa colgada en el tendedero, sin darse cuenta que lo que miraba era la mugre de sus cristales. Nunca he escrito nada con el fin de ofender a alguien ni es mi interés hacerlo. He expresado mi opinión como lo hace cualquiera sin tener por eso que soportar indirectas de patio. Al menos quisiera que me hablaran de frente, como quisiera toda persona. O, mejor dicho, al menos quise. Ya se me pasó la malaonda. No vale la pena. Sólo espero que esa persona siga, tal como lo sentenció, alejadísima de mí y de esta casa, porque, eso sí: aquí, señora, usted no es bienvenida. Educadamente, Laura.

jueves 20 de septiembre de 2007

MUCHAS IDEAS, TODAS REVUELTAS...Y YO LO QUE QUIERO ES HABLAR


Hay por lo menos cinco temas que quisiera tocar en De Espaldas a la Tierra...y no me "cuajan". Que si el juicio del año en mi país, que si escribir un cuento, que si contar las muchas "historias de taxis" que tengo...temas siempre habrán. Pero borro lo escrito, no me gusta, o lo encuentro cursi. Incluso volví hoy a leer un post publicado que me encantaba y ya no lo encontré tan bueno.

Estoy un poco deprimida; el clima está horrible hace semanas y llueve monstruosamente, a mi barrio se lo tragó la neblina y las estrellas no se ven desde hace dos meses. Mi amigo Tony me levanta el ánimo en estos casos, y ni siquiera tengo que contarle cómo me siento. Pero está de viaje (y yo lo extraño mucho).Mis amigas son chistosas, pero no sé si entenderían lo que me pasa. ¿Mi novio? Salgo con alguien, pero cuando quiero contarle estas cosas sale de pronto, de la nada, una hadita gorda como las de La Bella Durmiente, que me dice: "Niña, los hombres van tras las chicas alegres, las que siempre sonríen. Si un día no te sentís así, disimulá, que si no da la vuelta..." Y me asusta la gordita. Sé que es una estúpida y ni siquiera tiene "hado", pero le temo y le hago caso.

Y me quedo con ese ahogo en el pecho, esa sensación de estar en una burbuja de vidrio, donde te ven y te oyen pero no te sienten, no hay empatía con alguien y a veces te sentís en el peor de los desiertos aunque te rodeen 1000 personas. Y vienen los placebos: me compro una blusa, o un reloj de colores. Me como un chocolate. Veo televisión. O el que más me gusta y no puedo hacer por la lluvia: caminar.

Y quiero salir, pero no a bailar a algún rincón oscuro de Escazú. Quiero un lugar tranquilo, donde no se me escudriñe ni la ropa ni el acompañante ni si aumenté medio gramo. Mucho menos que llegue chusmi-farándula. No me siento con fuerzas para aguantar eso. Tal vez ir al mirador Ram Luna y hablar de lo que quiero. O al Jazz Café a oír poetas. Gente que también quiere expresarse.

Quisiera hacer la maleta e irme a vivir a Londres, o a Madrid. O tal vez a Santiago. O a Buenos Aires. Me gusta el estilo de vida europeo. Me adapto bien a él. Eso creo, al menos. Quisiera que me pasara algo extraordinario: no sé de qué tipo, pero algo que me quite esta sensación. O, mejor aún, que me dé el valor y la energía para encargarme yo solita de quitármela.

Por lo pronto, me acordé que tengo un diario. Un diario público, pero diario al fin. Y que ahí puedo ser yo y expresar lo que siento.Y esto estoy sintiendo.

viernes 14 de septiembre de 2007

Y LOS TOONS DE MIS AMORES....










-La reina de todos: La Pequeña Lulú. Había chorrocientas revistas de ella en mi casa y yo empecé a leerla así. De niña quería vivir en su ciudad, ir a su escuela y ser en todo como ella. Si el cielo existe, yo pido por paraíso vivir ahí.

- Candy White: ¿Quién no ha llorado junto a la tierna huerfanita de ojos verdes? ¿Quién no quiso darle una tunda a Neil y Elisa, sus perversos hermanastros? Eso sí, la rubia Candy era patrimonio exclusivo de las niñas. Como en el club de Tobi, pero al revés.

-Maggie Simpson: La silenciosa pero audaz hija de Homero, quien incluso olvida que ella existe. Mi Simpson favorita, junto con su hermana Lisa. Es valiente, inteligente y se integra a su familia sin importar cuanto esta la ignore. Sus gestos casi en cameo me matan de risa, la adoro.


-Y...su familia: Los Simpson. ¿Habrá alguien a quien no le gusten? Yo comencé a verlos tarde, cuando hacía unos 5 años habían llegado a Costa Rica. La propaganda "bombeta" que le hicieron al estrenarla me había hecho decidir no verla. (Vos decime que tengo que hacer algo porque otro lo hace o porque en tal país tan cool se estila, y yo no lo haré. A Chente, el que va al ruido de la gente, que lo sigan otros.) Pero la propaganda fue una mala sombra, la serie se promovía sola. Larga vida a la familia más famosa del mundo.

-Heidi llegó a mi país al final de los 70s y la han retransmitido desde entonces (la última vez la vi en 2001, una ternura). A veces pienso que los grandes (mayores de 15, por ejemplo) la entendemos y disfrutamos aún más que los pequeños.

-Los Reyes de la Colina no igualan a Los Simpson, pero tienen su gracia.

-Y debo confesar que, si algún sábado de casualidad me desperté temprano, me encanta ver Hello Kitty y Peppa Cerdita. Y, ¿qué querés que te diga? ¡Me relajan, ché!


P.D.: ¿Cómo hago para que cada imagen me quede a la izquierda del texto que la nombra? BUAAAAAAHHH!!!

viernes 7 de septiembre de 2007

LAS PELIS DE MIS AMORES



Esa que te impactó, la que te cambió la perspectiva, la que podés ver 25 veces, aquella que empezaste a ver sin ganas y te cautivó para siempre, la que ya es parte de tu vida...hay películas que llegaron para quedarse con nosotros...estas son mis TOP:



1) 101 dálmatas: la primera que recuerdo y la primera en la que no me dormí, lloré o me hice pis en los calzones. Me encanta, además.


2) Mujercitas (la de Winona Ryder): Me puse a verla un 25 de diciembre y me encantó...esa la vería 25 veces más.


3) Kill Bill: generalmente odio la violencia y a Tarantino....pero esta (la primera) es ¡inigualable! Otra que he visto varias veces.


4) Abre los Ojos: Mi admiradísimo Alejandro Amenábar (quien hizo esta peli a los 23 añitos) fue el gestor de esta obra de arte. La prueba de que no hay juventud ni falta de dinero que te impida lograr un buen filme. Sólo hay que vivir en España y luego hasta Tontón Criuse te compra los derechos.


5) La Caída: actores geniales, director genial, etc. La caída del tercer Reich contada con una veracidad impresionante.


6) Doctor Zhivago: otro régimen caído y otra peliculaza.


7) Felicidad: valiente obra que pone en evidencia las desviaciones de muchos doctores y su abuso del poder, entre otras cosas. Si no la han visto, se las recomiendo.


8) La Naranja Mecánica: no la pongo porque casi todo el mundo lo haga. Aunque los nervios no me han dado para verla completa, me basta para darle el visto bueno. Desde entonces amo a Malcolm McDowell, el mejor malo que hay.


9) Derzu Uzala: Un clásico de Akira Kurosawa. Para verla con pañuelo.


10) La Edad de la Inocencia: Qué manera de decir : ¡muera la hipocresía!


11) El Exorcista: No necesita explicación.


12) Los Niños del Maíz: Brrrr...


¿Y las tuyas?